Domingo, 20 de octubre, 2019 | 10:41 pm

Feminicidio seguido de suicidio



Cuando S. L. Washburn (EUA, 1911-2000) se refirió al “Adán antropológico”, el carácter de depredador, de agresor y de destructor, lo hizo en base a la teoría de que debemos nuestra biología y costumbres a la psicología del cazador o de carnívoro.

El deseo de conseguir la carne llevó al hombre a conocer extensiones de tierra, conocer las costumbres de los animales, y con él, el impulso y placer de matar. Con el tiempo, la tortura y el sufrimiento se hacen espectáculo público, en deporte,…, en cultura.

La guerra es muy parecida a la caza. Y es además placentera para el varón.
¿Por qué habrían de ser diferente las normas del matrimonio y de otras instituciones humanas? Debemos aceptar que la gente que puede llegar más fácil a matar a sus semejantes, aquella que se siente impotente y tiene poco placer de la vida que tiene.

Nada de esto está justificado, pero debemos asumirlo en el debate sobre las causas de los suicidios seguidos de feminicidio. Nos enfocaremos en el último.

Para ello es necesario que se conozcan y se exploren los roles de la mujer como víctima y a veces victimaria de esta criminalidad de sangre; el rol de la mujer dentro de la familia, y el rol del hombre dentro del Estado. También es necesario cuestionar a quien está evaluando y tratando la violencia de género, para proteger a las víctimas de los feminicidios.

Sobre esa base, invitamos a todos los interesados a crear las condiciones para un escenario de debate, conocimiento, intercambio de experiencia, diagnóstico y posteriormente, producir un cambio de mentalidad que contribuya a mermar los feminicidios.

La muerte feminicida y suicida supone una condición de libertad, y posibilidad constante para la corrupción de la vida. Cuando esta posibilidad se vuelve realidad, se perturba profundamente la conciencia de la vida, y la presión de la cultura afecta a algunos varones.

Manifestamos la locura del vértigo, y es la ira inhibitoria la que gatilla la violencia, ante miles de ojos espectadores. La vida de pareja se ha convertido como un “egoísmo a dos”. Pero podemos cambiar eso. Y lo podemos lograr por la separación selectiva o divorcio, que es aquel que da placer y satisfacción.

Uno de los factores de vulnerabilidad clave es “ver a la mujer como la costilla de Adán”; mantenerla en la pobreza, que la mujer desafíe a la autoridad conyugal, entre otros. Si podemos determinar dónde es la mayor incidencia (en familias tradicionales, o en familias hechas al azar, y formadas en un ambiente no deseable o fiestero), podemos empezar a controlar la situación.

La mujer víctima de feminicidio está estancada en su victimización. El Ministerio Público no debe ver los feminicidios como una isla, sino que hay otros delitos contra las mujeres, son muy altos.

Unifem los clasifica en sexuales (violación, abuso, hostigamiento), sociales (adulterio, trata, discriminación), y económicos (abandono del marido, incumpliendo de las obligaciones alimentarias).

Es a través de las Unidades Violencia de Género, de donde debe salir el diagnóstico técnico de ese fenómeno. Por lo que urge un fondo para estudiar esos casos o un observatorio de los delitos contra las mujeres.

Wilfredo Mora

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