Mucho se sabe de los hermanos Marcano Álvarez nacidos en Baní: Luis, Félix y Francisco; y de sus obras en la guerra de los 10 años en Cuba (1868-1878). Estos hermanos tuvieron una participación heroica en el conflicto y se ganaron el mote de próceres de la independencia de Cuba, pero poco se sabe del padre de ellos: Felix Marcano y Guerrero.
Don Félix nació en Baní en el año 1801 estando la parte oriental de la Isla de Santo Domingo ocupada por las fuerzas de Toussaint Louverture. La familia Marcano descendía de los Marcano de la isla Margarita, Venezuela. Posteriormente se estableció esta familia a mediados del siglo XVIII en Santo Domingo. La rama dominicana de los Marcano se emparentó con el linaje de los Quevedo y Villegas en la isla, una rama colateral a la que perteneció unos siglos antes el famoso poeta del siglo de oro español Francisco de Quevedo y Villegas.
Los Marcano fueron una de las familias más tradicionales y posicionadas de la Isla que no abandonaron dicho territorio en 1795, con el éxodo de familias tras el tratado de Basilea donde Francia adquirió la isla de España.
Félix estudió en la universidad Santo Tomás de Aquino de Santo Domingo donde obtuvo el título de Licenciado en Derecho Civil el 16 de noviembre de 1821 unos meses antes de la independencia efímera y de la dominación haitiana. Ya para 1827 Félix figuraba como secretario en el aparato judicial dentro de la jurisdicción de Baní. Para el año 1829 estuvo envuelto en un escándalo que resonó a nivel nacional por su matrimonio con María de la O Álvarez en Baní ( madre de sus hijos) , ya que tenía al parecer un compromiso con Ana Josefa Del Monte, hija del prominente magistrado José Joaquín Del Monte Maldonado.
Según las investigaciones del doctor Manuel Valera en su libro sobre las familias banilejas, Félix Marcano figura como Alcalde constitucional de Baní para el año 1833 y para el 1835 figura como comandante de Armas y jefe comunal de Baní. Tomó las armas en favor de la independencia de República Dominicana y formó parte como uno de los secretarios de la Junta Central Gubernativa en 1844. El 22 de noviembre del mismo año fue nombrado Oficial Mayor del Ministerio de Justicia de la incipiente República. Para mayo de 1853 pasó a ser Oficial del Estado Civil de San Carlos, duró dos años en dicho puesto ya que en el año 1855 se desempeñó como Juez del Tribunal de Primera Instancia de Santo Domingo. Casi dos años después llegaba a ser el Alcalde Constitucional de San Cristóbal.
El historiador Sócrates Nolasco relata que para el año 1859 renunció a sus cargos para dedicarse a la abogacía. En esa misma tesitura para ese año se enfrentó en los tribunales según seguía relatando Nolasco, contra Francisco del Rosario Sánchez y Carlos Noel. En este juicio Félix estaba defendiendo a una joven llamada Andréa Florián que había sido violada por un Coronel el cual era defendido por los magistrados antes mencionados. Félix salió victorioso en el veredicto restituyendo el honor público de la señora Florián.
En el año 1860 llegó al puesto de Alcalde Constitucional de la ciudad de Santo Domingo. En esa misma época se desempeñó como Contador Especial de la junta de incineración del papel moneda. El 18 de marzo de 1861 figura junto con Pedro Santana entre los que firmaron el manifiesto de anexión a España durante el reinado de Isabel II.
En agosto de 1861 fue nombrado por Pedro Santana como titular del Tribunal de primera instancia de Santo Domingo. Con la llegada de las autoridades españolas por la anexión a España, la reina Isabel II por una Real orden del 7 de octubre de 1861 lo nombró Teniente Fiscal de la Real Audiencia de Santo Domingo. El 29 de diciembre del mismo año fue encargado por Alonso Colmenares (quien era el jefe de la Real Audiencia) para buscar y coordinar una sede adecuada para el alto tribunal en la ciudad de Santo Domingo.
Tuvo varias correspondencias directas con la Reina Isabel II en la cuales se expresaba como fiel defensor de la Corona Española. En unas de sus cartas con la monarca de fecha: 2 de enero del 1865 utilizó el nombre de Félix Marcano Quevedo y Villegas haciendo alusión a su antiguo linaje hidalgo español; pero en dicho documento le pedía a la reina que lo trasladará a Cuba o a Puerto Rico en calidad de teniente fiscal ya que su esposa (María de la O) Había fallecido a causa de cáncer en 1864. Para aquellas fechas la situación no era muy buena para las tropas españolas durante la Guerra de Restauración en Santo Domingo.
Al llegar el fin de la Guerra de Restauración en 1865, Félix pasó con sus hijos a Manzanillo, Cuba. Peleó férreamente para que dentro de la monarquía hispánica le reconocieran su título de abogado en los territorios dominados por España, concesión que se la otorgó la Reina Isabel II al convalidar su título para ejercer la abogacía. Félix se trasladó desde Manzanillo a la Habana, Cuba donde la reina le concedió la entrada provisional como auxiliar en la Real Audiencia de Cuba. Con la inestabilidad en Cuba por la rebelión de sus hijos contra España y la inminente caída de la reina Isabel II en 1868, al parecer cayó también en desgracia Félix.
Volvió a la República Dominicana durante el periodo de gobierno de Buenaventura Baez conocido el “Gobierno de los Seis Años” (1868-1874). Durante esta época el presidente Baez vivió en una casa perteneciente a Félix Marcano, así consta en las cuentas personales del presidente. Félix a su vuelta al país volvió al ámbito jurídico y ya para el año 1876 ocupaba la silla de Magistrado de la Suprema Corte de Justicia de la República. En 1879 había sido echado de la Suprema por un nuevo grupo de magistrados con visiones políticas antagónicas a las suyas. En tal sentido lideró un grupo de los antiguos magistrados e intervino en dicho órgano judicial reclamando su reinstalación como miembro. Dos años después de este evento falleció Felix en 1881.
Félix Marcano es quizás el personaje menos recordado con una carrera dilatada e importante en el ámbito judicial y político de la República Dominicana. Félix es a su vez una figura histórica que debe ser vista desde diferentes ángulos para entenderla. No solo basarnos en lo político, temas liberales o conservadores de la época, sino estudiar el personaje, los motivos, las circunstancia y su época.