Febrero es comida, fiestas y alegrías  

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Fiestas, música, disfraces, alegría y también comida. Los carnavales son el preludio de la Cuaresma.

Pero antes de pasar a esas semanas de privación, la sociedad se sume en días en los que la gastronomía es abundante y variada.

La vinculación entre carnaval y gastronomía nace ya en el mismo lenguaje, ya que el término “carnaval” está estrechamente vinculado al de “carne”. La abstinencia de este alimento durante la Cuaresma lo hace especialmente atractivo durante los días de carnaval.

Si algo es típico de la gastronomía de esta época es la abundancia de dulces. Aunque durante la Semana Santa también proliferan recetas basadas en pescados y mariscos.

Albóndigas de pollo molido a la jardinera

Preparación:

En primer lugar, será necesario majar en un mortero el ajo junto con unas ramitas de perejil y sal.

A continuación se pone la miga de pan a remojo en leche. Luego se mezcla la carne picada de ambos tipos junto con el majado y le vamos incorporando pimienta negra molida, trocitos de tomate, el orégano, un huevo, algo de pan rallado y la miga de pan que estaba en remojo.

Se mezcla todo bien, hasta que quede una pasta homogénea. Ahora, cogeremos los trozos de la masa para ir formando las albóndigas, se puede jugar con los tamaños de las albóndigas al gusto del cocinero.

Se pasan las albóndigas por la harina, se elimina el exceso y se reserva. Se pone en una sartén aceite y dejamos que caliente bien, se sofríen las albóndigas mientras le damos vueltas para que se haga uniformemente por ambos lados.

No se han de cocinar mucho, simplemente habrá que sellarlas por fuera, sabremos que están listas cuando empiezan a dorarse, la parte de dentro se hará después.

Según friamos las albóndigas las depositamos sobre un papel absorbente para eliminar el exceso de aceite.

Mientras tanto dejaremos en una olla guisándose con agua las patatas y las zanahorias cortadas en trocitos, más los guisantes. Sazonamos a nuestro gusto y se le incorpora un poco de cúrcuma.

Por otra parte pochamos las cebollas lentamente, ya que no nos tendrán que quedar demasiado doradas. Cuando empiecen a dorar, les añadimos la salsa de tomate (a ser posible casera), mientras lo removemos todo.

Cuando esté borboteando se le añade el vaso de agua y dos de vino blanco. Se deja calentar hasta que empiece a hervir, lo dejamos así un minuto y se baja el fuego para que se reduzca la salsa. Cuando la salsa la tenemos con la consistencia deseada, se aparta del fuego y se pasa por la batidora.

Ahora pondremos las albóndigas en una olla, se riega con la salsa anterior pasada por un colador y se le añade un cucharón del agua en el que se ha guisado la verdura.

Se deja la olla a fuego medio durante 20 minutos para que se sigan haciendo las albóndigas; si la salsa espesa en demasía se le incorpora más agua de la cocción de las verduras.

Una vez transcurridos los 20 minutos se cuela la verdura y se la incorpora a la olla con las albóndigas.

Se deja que se haga todo otro par de minutos mientras se mezcla con un cucharón.

Ya estarán listas nuestras albóndigas a la jardinera, se tendrán que servir bien calientes si no queremos que se espese demasiado la salsa al enfriar.

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