Fausto: un buen obispo

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Todos los católicos de República Dominicana hemos celebrado con júbilo la elección del P. Fausto Mejía como obispo de San Francisco de Macorís.

Lo conocí cuando fue mi profesor de literatura en el Seminario Santo Tomás de Aquino en el año escolar 1981-1982.

De hablar suave y pensamiento hondo, ajeno a todo radicalismo, centrado en el valor de toda persona que le toca llegar a su vida, firme en la defensa de la justicia y enamorado esencial del Evangelio, es un gran regalo que Su Santidad nos hace al convertirlo en Pastor de la grey francomacorisana y al país, en cuanto nuevo miembro de la Conferencia del Episcopado Dominicano.

Hombre de academia y formador cristiano, su paso como rector del Seminario Santo Tomás de Aquino y de la Universidad Católica Tecnológica del Cibao son una clara evidencia de sus talantes intelectuales y su sabiduría como forjador de hombres y mujeres de calidad profesional y vida de Fe.

En estos momentos de cambios y transiciones -¿acaso hay algún tiempo que no lo sea?- la presencia como obispo de Mons. Fausto Mejía es una señal de que el Espíritu Santo nos cuida como sociedad y vela por la Iglesia Dominicana.

Mateo Andrés, su entrañable hermano, en el más allá, y quienes le queremos como amigo y sacerdote, en el más acá, agradecemos profundamente al Altísimo por su vida y ministerio, confiados en los buenos frutos que su episcopado brindará. ¡Dios le bendiga!

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El Día

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