Fatal libertad de tránsito

El transporte público usual, el privado y que llamamos comúnmente “de concho”, así como el público que garantiza el Estado, es incómodo, ineficiente, insuficiente; y generalmente ofrecido por vehículos en malas condiciones.

Ese es el estado del transporte que usa el 70 por ciento de la población, según los datos de la Oficina Técnica de Transporte Terrestre. El problema no se queda ahí, se expande a ese restante 30 por ciento de la población que usa vehículos privados, ya que el caos del transporte público afecta y envuelve a todo el que usa las calles principales y avenidas, muchas convertidas en rutas habituales por las centrales sindicales de transporte y los choferes agrupados en gremios minoritarios.

La otra cara del problema, que afecta a todos los que usan las avenidas y autopistas, lo constituye el tráfico sin control de horario que hacen los vehículos pesados. Las autoridades del tránsito son testigos a diario de los accidentes y muertes que causan camiones, patanas y vehículos pesados, muchos cargados de manera abusiva.

A manos llenas se cuentan los testimonios de conductores que salvan la vida a diario, milagrosamente. Otros, que no tienen tanta suerte, van a parar a las camas de los hospitales traumatológicos. So pena de quedar con miembros mutilados e inútiles para una vida laboral eficaz.

Las autoridades del área tienen que frenar esta situación. Los vehículos pesados no pueden seguir bajo el actual régimen de desplazamiento. Si queremos transitar el camino de otros países hacia el desarrollo hay que poner e imponer reglas. Una de ellas consiste en sujetar el tránsito de vehículos pesados a horas fijas.