Familias “con luz” que aspiran salir a la claridad
Los Capaces. Bonao.-Mientras los visitantes ocasionales luchaban contra los aguijonazos de mosquitos que procuraban saciar su sed de sangre humana para alimentarse, los hermanitos Belinice y José Antonio, de 4 y 7 años de edad, trataban infructuosamente de abrir la puerta de la escuela rural, de una aula, a la cual asistieron durante los últimos ocho meses.
Ellos, al igual que otros 12 menores, recibieron docencia en el centro educativo, construido de concreto y techado de zinc, entre enero y agosto.
Un único maestro ofrece las primeras lecciones para que dominen la lecto-escritura, de manera que los más “privilegiados” económicamente tengan la oportunidad de salir a lo “claro” para realizar, por lo menos, los cuatro grados de la educación primaria.
Regionalismo
Juana, la madre de ambos, conocedora de la reiterada conducta de los niños, les refiere, en un español marcado por el regionalismo del Cibao: “Ustedes saben que ei profesoi no vueive hasta enero”.
Las dulces palabras de la mujer, de 25 años, pero con un rostro que aparentaba las cuatro décadas por la dureza de la vida en las elevaciones de la loma de Blanco, provocan el lento retiro de sus hijos hacia el hogar, cruzando en medio de más de una docena de aves de corral.
El ausentismo del maestro en esta época del año resulta normal, en vista de que se trata de una zona cafetalera, donde el sistema educativo se programa para que en los meses de recolección de café los hijos se integren a las labores agrícolas.
En casas de madera y yagua, levantadas generalmente en laderas por lo accidentado de la orografía, alrededor de 50 familias sobreviven a duras penas de pequeñas cosechas de cafeto, guineo, plátano y algunos frutales.
Ramón Rosario, un agricultor de 19 años de edad, al igual que otros jóvenes, acaricia el sueño de un día salir en busca de progreso en lo “claro”, que consiste en dejar la zona montañosa en la que no entran las señales para telefonía celular.
Confronta, sin embargo, el mismo problema que la casi totalidad de los pobladores: no sabe leer ni escribir.
Otra limitante radica en que las familias tienden a ser numerosas, por lo que quedan atrapados por la carga económica familiar.
Aunque viven en medio de una manifiesta escasez material, paradójicamente cuentan con energía eléctrica las 24 horas, gracias a que la presa de Pinalito bordea sus límites y los operadores de la misma decidieron ofrecerles el servicio gratuitamente.
Luz con hambre
El 11 de agosto, el Estado inauguró la presa de Pinalito, en la provincia Monseñor Nouel, una obra relevante para la agricultura y producción de energía eléctrica.
Aporta al sistema alrededor de 50 megavatios.
La infraestructura construida por la firma Norberto Odebrecht, con financiamiento del Banco Nacional de Desarrollo Económico de Brasil, originalmente procuraba la reducción de los sedimentos al embalse de la presa Río Blanco. La Empresa de Generación Hidroeléctrica Dominicana es la responsable oficial de la obra.
El complejo consta de una presa principal construida en hormigón compactado con capacidad para 4.3 metros por segundo.
También una casa de máquinas que alberga 2 turbogeneradores con capacidad de 25 megavatios cada uno, instalados en la cola de la generadora Río Blanco.
El mismo, con una altura de 55 metros, sirve para regular los caudales de los ríos Tireo y Arroyo Madre Vieja, mientras que el agua del embalse se conduce a la casa de maquinaria por un túnel de casi 12 kilómetros.
No obstante a la riqueza que aportan las aguas de los sistemas montañosos en esta parte del Cibao, los garantes de la producción del líquido siguen en la extrema pobreza, a la espera de emigrar un día a comunidades más pobladas, laderas abajo.
En tanto, a su corta edad, Belenice y José Antonio, podrían tener en la educación la posibilidad de dejar la montaña que les vio nacer para llegar a lo “claro”, donde hay más oportunidades de progreso.
Por ahora, deben seguir durante tres meses más fuera del aula, hasta que retorne su maestro.
El centenar de visitantes ocasionales a la jornada de reforestación organizada por el Ministerio de Medio Ambiente pudo, en menos de cuatro horas, darse cuenta de la dureza de la vida en el lugar, donde los mosquitos hembra obtuvieron la alimentación necesaria para poner los huevos y continuar el ciclo de la perpetuación de la especie.
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