Facundo Cabral: un hombre-sol
No será más pobre el mundo el día que yo me muera, otro canalla andará agitando por la tierra.
Que la violencia devore a un hombre de paz nos intimida. Es un golpe brutal que impacta el alma. Explotadores e imperios, invasores y abusadores, represores y sicarios, violentos y frívolos parecen salirse con la suya. Poco importa el lugar o si él fuese el objetivo. Quien prepara una celada para matar a su prójimo es un criminal, sea que alcance a su víctima u otra persona.
Facundo Cabral se vale por sí mismo. Su presencia crecerá con el tiempo porque está hecha de materiales eternos: el amor, la solidaridad, la ternura, la libertad, la paz y la justicia. De sus verdugos el averno y el estiercol se encargarán.
De igual manera que las hermanas Mirabal, Manolo Tavarez, Francisco Alberto Caamaño, Amín Abel, Amaury Germán, Orlando Martínez o Narcisazo. Sus nombres, sus vidas, sus ejemplos, cada día iluminan con mayor intensidad el presente de nuestro pueblo.
Sus asesinos, los autores intelectuales y quienes lo justifican, naufragan en la oscuridad de la ignominia. Sus nombres, cuando se evocan, habitan en la ejemplaridad de la infatmia y el oprobio, para educar a nuestros hijos y nietos en que nunca yerren en sus conductas.
La luz de Facundo, desde su vida y su trova, brilla cual sol poderoso en el presente de justicia y paz que millones construimos por amor a la vida, a la naturaleza y la humanidad.