Estudiar la historia para ver lo interior de la sociedad

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Porque: “Nadie ama a quien
teme”

No esperes el Juicio Final;
él, se lleva a cabo,
cada día.

A. Camus.-

Por momentos, me cuestiono si seremos masoquistas o quizás, animales anormales cuyo comportamiento solo es explicable haciéndole un estudio a nuestros estómagos.

Difícil explicar el desempeño de este pueblo en el discurrir del tiempo, muy a pesar de que considero no merece llamarse pueblo si observamos las letras incluidas en nuestro himno nacional, cuando dice: “Ningún pueblo ser libre merece, si es esclavo, indolente y servil, si en su pecho la llama no crece, que templó el heroísmo viril”.

Es este un año, donde más se han manifestado nuestras abiertas y ocultas debilidades, apareciendo solo asomos de alguna fortaleza, porque las primeras las han opacado cuasi totalmente.

Es el estómago quien ha dirigido nuestro comportamiento, quien por unas funditas conteniendo un poco de arroz, habichuelas y uno más que otro pequeño pedazo de carne, son las que han movido nuestra clase más paupérrima, la misma que han prolijeado los políticos clientelistas y cuyo objetivo manifiesto, es acrecentar y mantener esa miseria.

Todo esto, porque en esa clase es que se encuentra el voto sin cuestionamiento alguno; sin condiciones previas, solo les importa un bono, una cajita o cualquier mendicidad que provenga de esta vergonzosa clase política clientelar. Son esas miserias las que eligen a quienes reclamaran su dádiva, son esas clases lerdas las que imponen los gobiernos que nos han dirigido a esta degradada condición de vida como Nación.

Estoy consciente de que las clases sociales, solo pueden ser conocidas a través de su historia y esta clase baja, mal llamados “Pobres Padres de Familia”, tienen su historia bien clara, como la tienen los multimillonarios enriquecidos durante la era de Trujillo, cuando lo perros se atrapaban con longaniza; o nuestra propia burguesía y su bien conocidas raíces, y de esta nueva casta llegada al poder con conocimiento pleno del comportamiento de esa clase baja con ínfulas izquierdistas, muy al contrario de aquellos que se hicieron con el poder durante la revolución industrial, pero, es obvio que ese camino no les gustó y prefirieron crear otro tipo de clase baja, mediante un clientelismo vulgar, corrupto, indecente e indolente y sobre todo, con el dejar hacer; dejar pasar, mientras la corrupción y el blindaje se comían la Institucionalidad del Estado.

Hoy, en realidad, cuesta bastante el definir qué somos, cuáles son nuestras metas institucionales y, añado yo, quizás sea comenzar prácticamente de cero, porque estamos peor que si nos hubiese ocurrido un tsunami moral, donde la juventud solo piense en ser “líder” barrial; ser concejal, pero primero, obtener dinero rápido, muy rápido para poder aspirar a esos puestos políticos.

Porque quizás, al ver el cómo lo han hecho últimamente, conocen ya muy bien, que este pueblo piensa con el estómago, sin importarle la calidad del manjar que le ofrezcan, siempre y cuando sea regalado, total, que solo le exigen su voto.

Y es que, una pandemia de un virus sospechoso, que hasta ahora su origen es casi un misterio para la mayoría del mundo, pero que, curiosamente, ha sido usado en nuestro país para exacerbar los más perversos intereses que no han respetado el dolor de la gente más necesitada de todo, solo para obtener o saciar sus apetencias políticas.

Es una vergüenza llegar al extremo de introducir un poco de alimentos cocidos en una funda y dárselos a la gente cual si fuesen animales y estos a su vez, desbocarse en busca de ellos sin importarles los riesgos verdaderos a los que se exponen. Y, sin embargo, el culpable es tratado cual Robin Hood moderno, repartiendo los haberes del Estado para supuestamente paliar el hambre de los pobres padres de familia.

Todo esto y la bandada de actos de corrupción llevados a cabo –documentados- han sido óbice para que ningún organismo judicial tome carta en el asunto, porque todos son uno mismo. ¿La JCE? Bueno, para mí, parece pandeada hacia un lado y quien la maneja, parece una veleta a expensas del viento. ¡Sí señor!

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