Estudiar en el país

Nadie puede concebir que una persona se forme y se convierta en un profesional productivo en una universidad que apenas pone a disposición de los estudiantes butacas, tiza y borrador. Con maestros sin la debida titulación para enseñar.

Eso está sucediendo con la Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD). De acuerdo a como lo denuncia la Ministra de Educación Superior, Ciencia y Tecnología. Eso ocurre, particularmente, con los llamados Centros regionales que operan en el interior del país.

El grueso del presupuesto que recibe la universidad estatal proviene de los impuestos que pagan los contribuyentes. Debe llamar a reflexión que el organismo que supervisa el buen funcionamiento de las universidades tenga “evidencias” de que las extensiones que abrió la UASD recientemente no tienen las condiciones físicas y humanas indispensables para ofrecer un servicio tan importante y vital como la educación.

Se trata de la universidad más demandada, a donde van miles y miles de dominicanos a estudiar, pero según la ministra, “caen en una trampa, porque darles oportunidad a jóvenes de hacer una carrera mal hecha, para salir mediocres y que no puedan competir con los demás profesionales, es engañarlos”.

Estamos ante una gran denuncia, pero que tiene que ir más allá, independientemente de que se trate de la universidad del Estado. Si se engaña a los estudiantes hay que tomar medidas, hay que hacer los correctivos de lugar, el organismo rector debe incidir en elevar la calidad educativa de la universidad oficial, y de todas las que, bajo el manto del silencio, puedan estar en iguales o peores circunstancias. El país se merece mejores profesionales.