- Publicidad -

- Publicidad -

Estrés y dolor de estómago: cómo el cuerpo reacciona a la tensión

Katherine Espino Por Katherine Espino

Estrés

Era un lunes agitado para Ana González de 35 años, una joven estudiante de Relaciones internacionales que estaba a punto de embarcarse en una nueva etapa de su vida. A pesar de la emoción por su próxima graduación en el extranjero, el día comenzó cargado de tensión. Ana tenía una cita crucial en el consulado para completar su proceso migratorio. Sabía que el tiempo era limitado y que su expediente debía estar perfecto.

Te recomendamos leer: Métodos que armonizan la mente y el cuerpo

Con apenas unos días para preparar todo, Ana llegó al consulado con la esperanza de que todo saliera bien. Pero, al comenzar la entrevista, se dio cuenta de que faltaba un documento esencial. El estrés se apoderó de ella, pero con determinación logró resolver el problema rápidamente. Hizo una llamada y consiguió la documentación faltante en cuestión de horas.

A pesar de haber solucionado la situación, Ana no pudo evitar sentir el peso de la presión acumulada durante el día. Al finalizar la jornada, con la mente agotada, comenzó a experimentar un fuerte dolor de estómago. Lo que parecía una simple molestia pronto se convirtió en un malestar intenso que le dificultó relajarse.

«Sentía un dolor punzante que me quitó el aliento por unos segundos, después de eso no pude comer por horas», relata.

Te invitamos a leer: El abrazo es la terapia más barata

Este tipo de síntomas no son poco comunes. Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), el estrés prolongado puede desencadenar problemas digestivos como el dolor de estómago, la acidez y la indigestión. En este caso, la tensión de la cita y la presión de resolver los imprevistos probablemente fueron los factores que provocaron el malestar físico de Ana.

Para calmarse, Ana recurrió a una técnica de respiración profunda que había aprendido en su clase de bienestar. Inhaló profundamente por la nariz, contuvo el aire por unos segundos y luego lo exhaló lentamente, repitiendo el proceso hasta sentirse más tranquila. Afortunadamente, después de unos minutos de aplicar esta técnica, el dolor comenzó a disminuir.

Aunque la molestia persistía, Ana sabía que el ejercicio y la relajación podían ayudarla a sentirse mejor. A pesar de estar agotada, decidió dar un paseo por el parque cercano, como recomienda la Organización Panamericana de la Salud (OPS), que destaca la importancia de la actividad física para reducir el estrés. El simple hecho de caminar al aire libre y desconectar de la situación fue clave para que su cuerpo empezara a relajarse.

La combinación de estas técnicas, junto con el paso del tiempo, ayudó a Ana a manejar la situación de una manera más saludable. Su dolor de estómago disminuyó, y aunque el estrés no desapareció por completo, aprendió a gestionarlo mejor aplicando estrategias que la OMS y la OPS recomiendan para mantener el bienestar mental y físico.

Lo que la boca calla, el cuerpo grita

Según la OMS, el estrés es una respuesta natural del organismo ante situaciones desafiantes. Se estima que una de cada cuatro personas en el mundo sufre algún problema grave de estrés. Además, en 2019, 301 millones de personas en el mundo tenían un trastorno de ansiedad, convirtiéndolo en uno de los trastornos mentales más comunes.

301 millones de personas con ansiedad

OMS.

Uno de los efectos más frecuentes del estrés crónico es el impacto en el sistema digestivo. Según el Instituto Nacional de Diabetes y Enfermedades Digestivas y Renales de los Estados Unidos, el síndrome del intestino irritable (SII) es un trastorno funcional que afecta la interacción entre el intestino y el cerebro. Este síndrome provoca dolor abdominal recurrente, hinchazón y cambios en la evacuación intestinal, alternando entre diarrea y estreñimiento.

Los especialistas explican que el estrés puede aumentar la sensibilidad del intestino y alterar los movimientos musculares intestinales. Esto no solo genera molestias físicas, sino que también afecta la calidad de vida de quienes lo padecen. La OMS y la Organización Panamericana de la Salud recomiendan implementar estrategias para reducir el impacto del estrés, como la actividad física, la meditación, la respiración consciente y el acompañamiento psicológico cuando sea necesario.

El caso de Ana ilustra una realidad que muchas personas enfrentan a diario. El estrés es parte de la vida moderna, pero aprender a manejarlo puede marcar la diferencia en la salud y el bienestar a largo plazo.

Cifras

.- La OMS estima que uno de cada cuatro personas en el mundo sufre de algún problema grave de estrés

Etiquetas

Katherine Espino

Periodista digital. Community Manager. Locutora.

Artículos Relacionados