Estrategia económica para fomentar un crecimiento sostenido
La economía mundial está resentida desde 2020 hacia acá. En efecto, las guerras, el COVID-19, las políticas arancelarias y proteccionistas de países desarrollados (Estados Unidos, China y los países europeos), el cambio climático impredecible y catastrófico con fenómenos devastadores, que retroceden el PIB anual de muchas economías, obligan a replantear muchos de los pronósticos de los principales organismos internacionales entre ellos el FMI, Banco Mundial, CEPAL, OCDE entre otros.
Las perspectivas son inciertas. Las políticas de respuesta a las crisis obligan a definir una estrategia para que durante el proceso de recuperación no se desestabilicen las expectativas ni se debilite el efecto de las actuales que están basadas en el respaldo fiscal y el monetario.
Las autoridades fiscales y el Banco Central han trazado sus planes de conjunto para luchar contra la amenaza de un debilitamiento de la demanda de los consumidores a través del control subsidiado del precio de los combustibles y de los productos de mayor consumo, a través de las reuniones de los comerciantes dando un importante respaldo al sistema de precios, a la vez que manteniendo la tasa de interés dentro del rango al sistema financiero y a otros sectores claves lo que contribuye a mantener los balances y sus riesgos.
Por otra parte, el fuerte aumento de la deuda pública de los últimos años ocurrió en un momento que se requirió para contrarrestar el efecto del COVID-19, y de las guerras provocando un incremento del stock de reservas brutas del Banco Central. El gasto en pensiones y jubilaciones contribuye al incremento de la demanda interna lo que ayuda al dinamismo de la economía. La contención de los problemas fiscales del envejecimiento poblacional debe ser atendido siempre y con mayor vigor.
Hay que preservar e incluso reforzar la capacidad del Banco Central para controlar la inflación. Las políticas de fomento al crecimiento económico fuerte y sostenido se basan en una participación mayor de la inversión privada en alianza con el sector financiero y otros sectores para facilitar la competencia que lleve a un creciente sector exportador de nuestros productos al mercado mundial.
Por la experiencia acumulada tres factores contribuyen al deterioro de las finanzas públicas: 1ero el desplome de las actividades y la desaceleración de los sectores dinámicos de nuestro modelo económico. 2do la falta de los programas de estímulos fiscales y 3ero las intervenciones obligatorias en respaldo del sector financiero.
El aumento de la razón deuda/PIB de los últimos años se ubicará cerca de un 65% de continuar el ritmo, al menos que se logre incrementar en 3 puntos porcentuales las recaudaciones impositivas esto es llevar la presión tributaria desde un 14.3% aproximadamente a un 17% con diversas medidas ya que no existe un ambiente adecuado para una reforma fiscal.
El incremento de la deuda pública no tiene precedentes en tiempo de paz y de estabilidad en las últimas tres administraciones y con tendencias demográficas favorables. Esta surge por problemas de la pérdida de ingresos tributarios debido al temor político de perder popularidad en las próximas elecciones, por esas razones y no otras es decir ha predominado más ese factor lo que ha llevado a un debilitamiento progresivo de las finanzas públicas.
Los riesgos fiscales son visibles, si no se frena el crecimiento de la deuda podrían surgir temores inflacionarios o de una cesación o postergación de pagos que contribuiría a la desconfianza de las agencias calificadoras de riesgo con la consecuente pérdida de credibilidad. Los tipos de interés subirían agravando el problema fiscal y posiblemente abortando la recuperación.
Un Banco Central de enérgicas medidas para aportar liquidez y financiamiento impide los problemas y los perjuicios de una inflación y de una falta de divisas que colapse el sistema. Garantizando un flujo regular de reservas hacia el sistema contribuye al dinamismo de la economía.
Dentro de sus políticas para la distensión monetaria cuantitativa en EE. UU la FED consistió en comprar títulos públicos para bajar la tasa de interés a largo plazo, mientras que la distensión del crédito consistió en adquirir activos del sector privado (divisas) y se hace para contrarrestar el aumento de los diferenciales en algunos mercados.
El amplio uso de instrumentos no convencionales requiere de una política de comunicación. El Banco Central normalmente usa su único instrumento –el tipo de interés de corto plazo o el interbancario- para señalar una reorientación de su política monetaria. Aunque la estabilidad de los precios debe seguir siendo el principal objetivo de la política monetaria hay otros papeles que ha de cumplir para garantizar la estabilidad financiera.
Para volver a la normalidad y que la economía se recupere es crucial atender la deuda pública y el balance del Banco Central (el stock de títulos y los intereses generados es un monto significativo) para prevenir problemas de crisis a mediano plazo debe procederse a un ajuste fiscal. Solo así se devolverá la confianza en el presupuesto del Estado y el Banco recuperará su capacidad para controlar la inflación.
Una mayor disciplina fiscal es necesaria para concluir esta década por los niveles de endeudamiento sin precedentes. Se trata de lograr un superávit primario (ingresos menos gastos antes del pago de los intereses) de por lo menos el 4.50% en promedio para reducir la deuda hasta el 2031. Este ajuste fiscal exige la reforma de pensiones y salud que son dos de los factores que más presionarán el gasto público en las décadas siguientes.
El valor presente neto del gasto futuro debido al envejecimiento de la población, será 10 veces mayor, que el costo fiscal de la crisis que se pudiera generar sino se toman las decisiones oportunamente, que es ahora.
