Estoy bien

Ana Blanco
Ana Blanco

Hace poco alguien muy cercano me preguntó cómo estaba. “Bien”, le contesté. Y me dijo algo que me hizo reflexionar: “Detrás de un bien hay mil palabras sin hablar”. Fue como si pudiera mirar a través de mí y detectar que detrás de ese “bien” había muchas cosas que no estaban tan bien.

Pero realmente tendemos a no querer preocupar a los demás, a no contar nuestros problemas por no cargar las mochilas de otros y llevar la propia con un peso agotador.

Me dejó sin palabras. Por un momento quise contarle, pero al final no lo hice. Pesó más el querer mantenerle ajeno, el no trasladarle mis preocupaciones, pensando que ya tenía bastante con las propias.
También me abrumó verbalizar las cosas. A veces, cuando no lo dices, crees que va a desaparecer y lo vas guardando con esa esperanza. No suele pasar así.

Soy de las que creen que es importante pedir ayuda, apoyarte en tus seres queridos, aunque también pertenezco a una generación en la que eso es signo de debilidad.

Siempre tratamos de solucionar todo por nosotros mismos y no solicitar esa mano amiga hasta que ya es insostenible.

Y realmente en este caso no hablo ni siquiera de problemas graves, sino de esas cosas del día a día que a veces se acumulan de tal manera que el peso es demasiado pesado.

Y aunque no me desahogué con esta persona, sí me sirvió para tomarme un tiempo de reflexión y darme cuenta de que hay cosas que se escapan de mi control y debo dejarlas ir, otras que no puedo permitir que me afecten y quitarles ese poder y las que sí debo solucionar y dejar de posponer.
A veces un simple comentario, un simple interés de alguien querido te da ese empujón que necesitas. Gracias.