Esto hay que pararlo

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Hay que admitir, sin ningún tipo de discusión, que la sociedad dominicana vive momentos críticos.

Muchos, incluso estudiosos de la conducta humana, argumentan que todo ese deterioro brutal es producto de la falta de oportunidades, que conlleva como consecuencia la denominada “exclusión social”.

Quienes sostienen esa teoría tienen razón solo en parte, dado que la pobreza no es un elemento que conlleva necesariamente el consumo de drogas, el feminicidio o el sicariato, algo que hoy es común en nuestra sociedad.

Los crímenes horrendos se han convertido en casos tan cotidianos que ya pasan prácticamente desapercibidos. Esos casos solo nos conmueven cuando nos tocan muy de cerca.

El horrendo asesinato de la señora Ana Estela Diloné, de 75 años de edad, madre del expelotero Miguel Diloné, en su residencia en Santiago, es una muestra de lo pésimo que andamos.

En casos como este, lo digo sin sonrojo, me gustaría que a los asesinos les aplicaran, sin necesidad de que intervenga la Justicia, los mismos métodos que emplearon para quitarle la la vida a esa anciana indefensa.

Usted podrá demonizar ese método como anticuado y trujillista, o darle la denominación que desee, pero como están las cosas, se hace necesario aplicar medidas ejemplarizadoras, porque es de la única manera que se puede detener un poco este festival de crímenes en el país.

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