Viernes, 19 de abril, 2019 | 2:38 pm

Este pueblo tiene aguante: invadidos, arrasados, y aun así continuamos…



Porque…”Acertar con la raíz,

será acertar con la cura”.

“Ser radical significa tomar las

cosas por su raíz. Ahora, la raíz de la

humanidad, es el hombre”.

Karl Marx.-

 

Como siempre ha sido, el cobarde y el pueblo pendejo o que se hace tal, baja la cabeza ante el peligro; se arrodilla y pide perdón sin haber cometido falta alguna, solo para librarse del castigo del amo. Y más, si se ha acostumbrado a callar, aceptar todo por bueno y válido si proviene de quien manda y solo en contadas ocasiones, le brotan cual si fuesen relámpagos, destellos de valentía o sangrientos resabios.

Ha sido tremenda e increíblemente sumisa la ordalía, ese balbuceo jurídico que han llevado a cabo los dominicanos, para regular el gran problema haitiano en nuestro territorio, sin el empleo de fuerza bruta y salvaje, tal y como ellos lo han hecho por casi un siglo y, que impertérritos continúan haciéndolo.

Desde décadas atrás, se han empleado argumentos naturales, pacíficos y civilizados, como le corresponde a cualquier nación que se jacte como tal, en busca de la solución a los problemas comunes pero, todo ha sido inútil, ellos continúan igual, obstinados, cual si fuesen burros de carga.

Parece una conversación, una negociación que de tantos años, más bien es una empresa absurda. Es una lucha contra un estado fallido, formado por sordos y ciegos y, que este problema continuará trillando el mismo camino que ellos han transitado, el cual los hunde cada día más en una humillante y dolorosa miseria.

Lo que acontece en la actualidad es una cháchara de diálogo, al que desde lejos se le ven las enaguas y la prepotencia que desde siempre han mostrado, haciéndonos aparecer como los únicos culpables de toda su desgracia. Desde siempre han jugado sucio; siempre con un as bajo la manga y la manipulación de hechos para dirigirnos hacia la trampa. Podemos decir, aunque se ofendan muchos pro-haitianos y algunos, hasta mal dominicanos, que Haití es un estado fallido muy, pero muy tramposo.

El chantaje es su mejor arma en estos momentos y, los dominicanos, como pueblo pendejo al fin, se mete el rabo entre las piernas, se amarra las manos y se pone un bozal, porque hasta a defenderse con la boca, teme.

La historia para nosotros no nos dice nada, siempre y cuando se refiera al accionar haitiano. Hemos permitido y continuamos en ese mismo accionar, dejando olvidado el pasado; ese que se ha repetido tantas veces que al parecer ya no nos puede hacer más daño del que ha causado. Aunque esto último, es simplemente mentira, porque los daños por venir serán peores, más dolorosos y a pesar de que muchos lo saben, pero piensan que a ellos no les tocara ese sufrimiento, sin pensar siquiera en su propia familia.

Mientras tanto, continuamos hundiéndonos en la más vil de todas las mediocridades… ¡No tener valor para defender la Patria, La Nación, el País!

Y, estamos claros, cual que sea la medida tomada en este y los problemas por venir, podemos contar que se hará presente el viejo adagio de “palo si bogas y palo si no bogas”. Como quiera será la misma pela y como quiera se hará lo que ellos quieran. Esto suena hasta ofensivo pero, al parecer, así ha sido y así continuará siendo.

Y seguirá siendo la misma pela y como exigirán más, aunque esta vez sin invasiones armadas o tierra arrasada –aunque lo están haciendo de otra manera-, lo continuarán haciendo de una manera peor, con la teoría de la oveja mansa, que se chupa su teta y también la ajena. Porque así son las vainas de esa raza, que aun en estos tiempos no han podido crear un verdadero país, siendo lo más lejos que han llegado es a constituir un estado fallido y el más racista que el más racista del mundo, donde el mulato ve de soslayo al negro y lo tratan en su inmensa mayoría, cual si aún fuesen esclavos y aun así, tienen el tupe de llamarnos racistas… ¡No j…s!

Nuestro comportamiento me parece un símil, de lo que pasaron los esclavos, donde me imagino el dilema de los negros ante el amo blanco explotador. Miedo, respeto, odio, temor con temblores ante la llamada o presencia del amo. Sí, he visto en las últimas décadas esta misma situación, que se acrecienta al paso de los años. Hace cerca de un siglo que nos invadieron a sangre y fuego y nos pisaron de todas formas habidas y haber más de una vez. Luego de un receso, volvieron las invasiones, aunque sin armas de pólvora pero si con armas de lenguas malditas, pestes y hambrunas, mala fe, chapucerías e incriminaciones y aun hablan de negociar, si, con chantajes. Otras vez… ¡No j…s!

Rafael Ramírez Ferreira

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