Viernes, 22 de marzo, 2019 | 10:31 am

Esta vez se me hizo tarde



Esta vez se me vino el tiempo encima y tuve que escribir fuera de tiempo. Ojalá el tiempo, ese tirano que a todos nos somete a la obediencia, permita a los responsables del periódico incluir estas líneas, escritas y enviadas fuera de tiempo en el espacio habitualmente reservado a mi columna, y así pedir perdón a los lectores, que tal vez lo tenga. Al discípulo amado German Marte, destinatario inmediato de mis envíos; a nuestro apreciado director José Monegro y a todos los que la presente vieren, porque esta vez no va el artículo sino la excusa.

Abuso de la misma palabra para decir que ese recurso no renovable que es el tiempo siempre le resulta corto a los humanos de este tiempo.

Acostumbro a escribir mi entrega los miércoles y ahí radica uno mis problemas. Entonces escribo jueves.

Así, ayer tuve uno de esos días que se le complican a uno y cuando llegó la noche tenía la mente bloqueada, como pidiéndome que no le tirara encima eso de andar escribiendo artículos y la dejara en paz, que bastante estropeada se sentía.

Una visita de esas que empiezan y no terminan, y que más que visitas parecen mudanzas, me consumió las primeras horas de la mañana.

De ahí al dentista hasta bien pasado el mediodía y del sillón del odontólogo a las calles, a cruzar la ciudad en una diligencia ineludible, avanzando penosamente en medio del tránsito imposible del país y luego a casa, a comer y a prepararme para ir a una reunión, rodando lentamente por el malecón para salir del encuentro entrada ya la noche y llegar a casa a dar gracias por haber sobrevivido a la inseguridad de las calles.

Eso de escribir es complicado. Se trata de algo muy personal, de mucha soledad y mucha concentración y si usted se ha pasado las horas previas agonizando, más difícil se torna, porque el cerebro parece negarse y volverse estéril.
Escribir es fruto de muchas ideas y sensaciones y cuando esa cosecha de ideas y sensaciones está madura, entonces el texto nace.

Pero a veces, y por más que uno se empeñe, no ocurre así, y lo mejor es resignarse y esperar horas mejores. Yo no encontré esas horas mejores y me resigno a quedar mal, faltar a mi compromiso laboral y enviar estas excusas, también fuera de tiempo.

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