España: Más impuestos = Menos consumo  

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Con el devenir de la crisis económica en España, los ingresos tributarios han caído de manera sostenida, por lo que el gobierno “inteligentemente” pensó que aumentando los impuestos corregiría el oscuro panorama, pero sin antes analizar el contexto general de recesión en medio de un profundo desempleo.

Dentro de los impuestos están los directos e indirectos. Los directos son aquellos que gravan la riqueza, mientras que los indirectos son aquellos que gravan el consumo. Los gobiernos usualmente tiran de los impuestos indirectos para lograr sus cometidos recaudatorios en el corto plazo, en el caso de España el principal impuesto indirecto es el IVA, homólogo de nuestro ITEBIS, el cual subió del 18% al 21%. Y aunque logran su objetivo en cuanto a aumentar las recaudaciones, tienen un fuerte impacto en el consumo de la población, ya que ven aminorado su capacidad de compra.

Por eso no es de sorprender, que las ventas de los comercios en la madre patria hayan caído un 10.9% el pasado mes de septiembre tras la subida del Impuesto al Valor Añadido, ahogando aún más la recesión que sufre el país ibérico.

A todo esto se le suma el hecho de que por primera vez en su historia, España supera la barrera del 25% de desempleo, alcanzando las 5.778.100 personas sin empleo; esto significa, que de cada cuatro personas una está desempleada, lo cual es escandaloso. Las políticas de abaratar el despido junto a la austeridad, no han hecho otra cosa que lastrar toda posibilidad de recuperación.

De ese total, 2.2 millones son relacionados directamente con el estallido de la burbuja en el sector inmobiliario, procedentes del sector construcción, industrial, ventas de viviendas, arquitectos, ingenieros, plomeros, electricistas y el resto del complejo engranaje que hacen posible el sector inmobiliario; del que lamentablemente un 90% son extranjeros que nos le ha quedado otra opción que devolverse a su país con una maleta repleta de decepción.

El desempleo, junto a las medidas de austeridad y caída del consumo privado hacen un cóctel explosivo para la economía ibérica, dejándola prácticamente con ningún mecanismo de reanimación. Este panorama marca el punto final de una España de oportunidades para nacionales y extranjeros.

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