Ese "diálogo" nos tiene chivos
*Pedro Franco
Las propuestas de diálogo ante las crisis nacionales no son nuevas. Tampoco lo son sus elementos de exclusión, los promotores y actores, todo lo cual permite dudar de sus resultados en favor de las mayorías y del proceso democrático.
Los jóvenes de La plaza de la Bandera y toda persona interesada en el futuro del país
deben, aun sea someramente tener en cuenta algunos antecedentes de este tipo de iniciativa e inventos que, hoy como ayer, algunos se muestran siempre dispuestos a santificar.
Tras las crisis post electorales de 1990 y 1994 los mamotretos de “diálogo” que se
montaron sirvieron para la consumación de los fraudes contra Juan Bosch, primero,
y Peña Gómez después, a quien los autores y actores del mismo engañaron
vergonzosamente, lo que parecen haber olvidado o no haber aprendido, algunos de
los más allegados al gran líder de masas a quien se le escamoteó la presidencia de
la República.
Hoy el movimiento de la plaza, todas las dominicanas y dominicanos, jamás
debemos olvidar que el llamado diálogo "tripartito" fue el punto de partida de ese
modelo que padecemos, que devino posteriormente en las privatizaciones,
reducción del Estado; las AFP, ARS, bloqueo a salarios dignos y la pretensión
actual de eliminar conquistas históricas del movimiento sindical como la jornada de
las 8 horas, la sindicalización, la cesantía, jubilación, pago por maternidad, entre
muchas otras. ¿Y quienes pretenden eliminar estas conquistas? No más preguntas.
Por tanto no es vaga la pregunta de qué querrá lograr ahora la patronal a favor de
sus representados?
Tras el levantamiento popular de abril de 1984 se fue desarrollando un movimiento
cívico de protesta en el país, el cual tuvo una primera expresión nacional el 11 de
febrero de 1985 con el paro pacifico de esa fecha convocado por el Consejo de
Unidad Popular y los CLPs de entonces.
Otras modalidades de protestas fueron las encedidas de velas que se hicieron escalonadamente, siendo la más recordada la realizada tras el asesinato del artista Tony Seval.
Estas protestas se proyectaron en el tiempo y el 9 de marzo de 1989 se desarrolló el Paro Cívico Nacional, descollando en su convocatoria la figura de Virtudes Álvarez.
La respuesta de diálogo ante Paro Cívico Nacional y el país en protesta Mientras no había respuestas de fondo a las exigencias ciudadanas, desde el Palacio Nacional se desató una feroz campaña contra el movimiento.
Es esa situación donde aparece desde el sector empresarial la propuesta del llamado "diálogo tripartito", teniendo al gobierno, la cúpula empresarial y las centrales sindicales como los actores. Los convocantes de las protestas no fueron considerados a ser parte de ese dialogo, pues al decir del escogido "mediador", Agripino Núñez Collado, necesitarían habilitar el estadio Olímpico para ello.
Este hecho bochornosa de exclusión, ni quienes lo toleren, deben ser olvidados jamás.¿Querrá la cúpula empresarial dejar sobre la mesa su intransigencia a que se desmonte el modelo chileno en el régimen de pensiones y salud; su flexibilidad laboral, la dictadura de bajos salarios y de crecimiento económico inusitado para sus representados y de migajas para quienes en verdad producen y crean riqueza?
En breve tendremos un gobierno, congreso y 393 autoridades municipales nuevas y hay derecho a pensar y a dudar hasta lo imposible. El camino de la protesta.
La protesta de la plaza de la bandera, de toque de calderos vacíos y la conciencia ciudadana en general deben tomar nota de todos estos antecedentes y estar dispuestos a no aceptar pactos de claudicación, condicionamientos ni borrón y cuentas nuevas.
Nadie con sano juicio debe oponerse a dialogar si es es verdadero de entendimiento y solución a los problemas. No obstante nos asisten razones para dudar.
Queremos diálogo sin exclusiones, dialogo sin tutelaje, y mucho menos de mecanismos como la OEA y Almagro. Diálogo para poner fin a este modelo de antidemocracia, monopolizada por las cúpulas, con cero espacios para la participación ciudadana y popular.
En la situación que vivimos, más que diálogo, lo que requiere es que todo ciudadano o ciudadana, toda organización social o partidista, todos los candidatos y candidatas exijamos respeto a la voluntad popular que se exprese a través de elecciones limpias y transparentes. Que funcione pues la ley.
El pueblo quiere cambio, y cambio de verdad, porque está harto de las tratativas,
de que todo se “negocie” y se “pacte” para que al fin el cambio sea solo de cara.
Está harto de tantas injusticias, inequidades, inseguridad ciudadana, violencia generalizada, corrupción, impunidad y violación de los derechos.
Harto de la falta de empleos, seguridad social y todo tipo de servicios, mientras tanto unos cuantos se enriquecen a costa de su miseria. Sospecha de inventos y artimañas, fraudes, “truchimanerias” y diálogos fraudulentos en aras de que nada cambie en las alturas del poder. El diálogo no debe mediatizar esa aspiración.
Hay razones y derecho a estar chivos ante tantas agendas y contrarreformas impopulares que se están agitando contra la población.
El pueblo ya se hartó, se está movilizando y está creando diversas e innovadoras formas y métodos de lucha para exigir respeto a la voluntad popular, transparencia y apuesta por un cambio resultante de las elecciones de marzo y mayo.
Este diálogo no debe mediatizar tan justa aspiración. Si alguien se equivoca, pues que suenen pues los calderos una y otra vez, y las protestas cívica continúen.