Escuchen a Moody’s
Moody’s es una agencia de calificación de riesgo crediticio líder a nivel mundial que evalúa la solvencia financiera de empresas, gobiernos e instituciones.
Su función es analizar la capacidad de pago de deuda mediante calificaciones estandarizadas (ratings) ayudando a inversores a medir el riesgo. Sus calificaciones influyen en las tasas de interés que pagan los países y empresas al endeudarse. Una calificación baja puede indicar un alto riesgo de impago y por consecuencia eleva el costo de la deuda de un país o institución.
Muy recientemente dos ejecutivas de la empresa Moody’s estuvieron en el país con motivo de unas presentaciones profesionales que incluyó un conversatorio con algunos elementos de la prensa. Esta vista difiere de las misiones de evaluación técnica que realizan periódicamente para determinar la calificación país. En la actualidad República Dominicana goza de una calificación Ba2.
En su conversatorio se plantearon una serie de recomendaciones para que el país pueda retener y mejorar su rating. Entre sus señalamientos está la mejoría de la institucionalidad, y la independencia del Banco Central. Obviamente el escándalo del fracaso de la distribución eléctrica con su déficit y necesario subsidio no pudieron quedar fuera de la agenda.
Tal vez algunos puntos más espinosos como el dispendio de subsidios generalizados y la inmesurada ampliación de otros focalizados no fueron mencionados. No puede ser que los pobres del país se hayan aumentado de 662 mil hogares a más de 1.45 millones con crecimientos del producto interno bruto del 5 %. Igualmente, el exceso marcado de gastos en publicidad, nóminas y exenciones es otro tópico que quedó velada, pero presente.
La situación del país se complica aún más con la guerra en el golfo Pérsico. Como señalamos en nuestra columna anterior titulada “La guerra cambio los planes”, la nación dominicana tiene que prepararse, con el Gobierno a la cabeza, para tomar medidas urgentes para la estabilización y combatir la inflación importada. No obstante, en estas circunstancias, bien harán las autoridades del país ponerle caso a las recomendaciones de Moody’s o aceptar una posible degradación en nuestra calificación con las consecuencias negativas que ello traería.
