¿Escuchas tus propios audios de WhatsApp? Esto es lo que dice tu nivel de autoexigencia
- Volver a escuchar un audio recién enviado no suele ser una señal de inseguridad. La psicología explica qué intenta comprobar realmente el cerebro, por qué ese gesto nos tranquilizay cuándo deja de ser una simple revisión
LEYRE MORENO
Mucho antes de WhatsApp, escuchar nuestra propia voz era todo un acontecimiento. Ocurría, por ejemplo, cuando dejábamos un mensaje en el contestador automático del teléfono fijo. Aquella voz siempre sonaba extraña y, una vez colgado el auricular, ya no había nada más que hacer.
Las notas de voz cambiaron por completo esa relación con nuestra forma de hablar. Hoy podemos volver a escuchar un mensaje apenas unos segundos después de enviarlo.
"Las notas de voz han introducido algo que antes apenas existía en la comunicación oral: la posibilidad de revisarnos", explica Elena Daprá, psicóloga especialista en psicología integrativa. "Eso favorece tanto el aprendizaje como la autocrítica". De ahí nace otro gesto que la mayoría hacemos casi de forma automática: enviar un audio y reproducirlo de inmediato.
No escuchas el audio para corregirlo
La revisión del audio llega cuando ya no sirve para corregir nada. El mensaje está enviado. Y, sin embargo, seguimos haciéndolo. "Lo primero que ocurre es un proceso muy normal de autorrevisión", cuenta Elena Daprá.
"Nuestro cerebro está constantemente comparando lo que queríamos comunicar con lo que realmente hemos comunicado. Escuchar el audio nos permite comprobar si el mensaje refleja nuestra intención, el tono emocional y la información que queríamos transmitir".
La psicóloga insiste en que ese gesto no suele responder a la inseguridad, sino a una necesidad muy humana: reducir la incertidumbre. "Es una forma de responder a preguntas internas como '¿Se entiende?', '¿He sonado demasiado seria?' o '¿He hablado muy rápido?'.
El cerebro prefiere tener una sensación de control, incluso cuando objetivamente ya no puede intervenir. Esa revisión aporta una sensación momentánea de tranquilidad", continúa la experta. Por eso muchas veces no escuchamos el audio buscando un fallo, sino para comprobar que la idea que teníamos en la cabeza es la misma que probablemente ha recibido la otra persona.

No todos los audios nos dejan con la misma duda
No todas las notas de voz generan la misma necesidad de revisión. Hay mensajes que enviamos y olvidamos inmediatamente y otros que repasamos una y otra vez. "No solemos revisarnos igual con todas las personas", afirma Daprá.
"Cuanto mayor es la importancia emocional o profesional del receptor, más probabilidades hay de que escuchemos el audio después". Un mensaje dirigido a un jefe, un cliente, alguien que nos gusta o con quien tenemos una relación romántica, o una persona con la que existe un conflicto activa con mucha más facilidad esa necesidad de comprobar lo que hemos dicho y cómo lo hemos dicho.
Con quienes tenemos más confianza, en cambio, solemos hablar con mayor espontaneidad y dedicamos mucha menos energía a analizar nuestra propia comunicación.
También influye la forma de ser. "Suelen hacerlo más las personas perfeccionistas, autoexigentes o con mayor sensibilidad hacia la evaluación social. También quienes tienen tendencia a analizar mucho sus interacciones o a anticipar cómo reaccionarán los demás", apunta Elena Daprá. Aun así, la psicóloga puntualiza que revisar un audio de vez en cuando entra completamente dentro de la normalidad y no implica, por sí solo, ningún problema psicológico.
Lo importante no es tanto escuchar el audio como el motivo por el que volvemos a hacerlo. "Quien revisa solo determinados audios suele hacerlo en situaciones concretas que considera importantes.
En cambio, cuando la revisión se convierte en una necesidad constante e independiente del contexto, puede reflejar una mayor dificultad para tolerar la incertidumbre o una tendencia a buscar una seguridad absoluta en la comunicación, algo que en realidad nunca podemos conseguir", argumenta la psicóloga.
La voz que tú escuchas no es la misma que oyen los demás
Escuchar un audio después de enviarlo también nos enfrenta a otra sensación muy conocida: descubrir una voz que muchas veces sentimos como ajena. "La voz que escuchamos al hablar no es exactamente la misma que oyen los demás", explica Daprá. "Nosotros la percibimos también a través de la conducción ósea, es decir, las vibraciones que recorren nuestro cráneo. En una grabación solo escuchamos el sonido transmitido por el aire, que suele parecernos más agudo y diferente".
Las notas de voz han cambiado esa relación con nuestra propia comunicación. "Antes, una conversación ocurría y seguía adelante. Ahora podemos escuchar nuestra forma de hablar, analizar pausas, silencios, emociones o palabras concretas. Eso favorece tanto el aprendizaje como la autocrítica", argumenta Daprá.
La psicóloga cree que conviene desterrar una idea muy extendida: escuchar nuestros propios audios no nos convierte automáticamente en personas inseguras ni excesivamente pendientes de nosotros mismos.
"La mayoría simplemente está utilizando un mecanismo completamente humano: comprobar que el mensaje enviado coincide con la intención con la que quería comunicarlo". En realidad, el botón de reproducir nunca ha sido el problema.
Lo importante, insiste Daprá, es poder elegir si queremos pulsarlo o si sentimos que necesitamos hacerlo para quedarnos tranquilos. "Cuando se convierte en una obligación para reducir la ansiedad conviene prestarle atención; cuando es una revisión puntual, forma parte de los hábitos normales de comunicación". fuente: TELVA