Esclavitud moderna
A muchos dominicanos podría resultarles contraproducente que la Organización de las Naciones Unidas (ONU) convoque su foro para ventilar formas de esclavitud modernas y denunciar que todavía hoy ese flagelo afecta a 21 millones de personas alrededor del mundo.
La realidad es que bajo el manto de la “esclavitud moderna” se esconden hórridos episodios de maltrato físico, así como de trata humana, explotación sexual, trabajo infantil, reclutamiento de niños en conflictos armados y matrimonios forzosos en contra de la voluntad de una de las parejas contrayentes, mujeres en la mayoría de los casos.
El país no está excluido de culpas. Todavía tenemos las secuelas que deja el trabajo infantil, con cientos de niños en las calles y los campos, haciendo labores para lo cual no tienen edad, salvo para estudiar con dignidad y libertad en una escuela, con derecho a un aprendizaje de calidad, con desayuno y almuerzo escolar incluidos.
No sucede así y debemos insistir en la vigilancia que deben tener las autoridades, porque una inmensa cantidad de niños que son sometidos al trabajo infantil engrosarán las filas, más tarde que temprano, de los analfabetos.
Estamos a tiempo y tenemos que trabajar e impulsar políticas sociales incluyentes para revertir este episodio que se inscribe dentro de las prácticas análogas a la esclavitud.
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