Es mejor que se callen
Cuando no hay nada que decir, lo mejor es cerrar la boca.
Sin embargo, hablar, aunque no se tenga nada que aportar, es uno de los grandes defectos del dominicano.
¿Qué tan difícil, por no decir imposible, es mantenerse callado y no arriesgar el título?
Esos parlanchines son indetenibles, y no paran de decir lo que no deben, aunque les cueste la vida, título del famoso bolero que popularizó con la Sonora Matancera, en la década de los 50, el dominicano Alberto Beltrán.
EL DÍA fue el medio que más reportajes realizó denunciando el mal estado de las instalaciones deportivas, una ardua labor que se realizó en toda la geografía nacional durante varios meses.
Por esos trabajos se nos tildó, por parte de algunos chupamedias , como enemigos de la pasada administración del Miderec, lo que era falso de toda falsedad.
Hoy, los que callaron esos inconvenientes, se regodean hablando sobre el desastre que dejaron los que se fueron.
Saludamos la iniciativa de las autoridades de restaurar esas instalaciones, pero que no se quede en promesas, dado que muchos, por no decir la mayoría de los que hoy se reúnen para ejecutar ese trabajo, están desde hace años en posiciones de responsabilidad y no habían hecho absolutamente nada.
Por eso insisto en que no se pueda hablar de más, porque es más conveniente guardar silencio, tras mucho tiempo siendo cómplices directos del mal que ahora prometen resolver.