Envidio a Jamaica
Por puro capricho del destino estuve en Jamaica la ultima semana de febrero pasado, donde pude disfrutar en primera fila la emocionante puja electoral que enfrentó a los eternos rivales políticos de la hermana isla.
En una cerradísima competencia el Partido Nacional del Pueblo (PNP), en el gobierno por varios periodos consecutivos, fue derrotado por el Partido Laborista de Jamaica (PLJ).
A eso de las 5 de la tarde del día de las votaciones, decenas de huéspedes del hotel donde me encontraba pudimos disfrutar del conteo computarizado que se transmitía por varios canales de televisión.
El resultado no pudo ser mas apretado: 50.1 % para el PLJ, que obtuvo 32 curules en el parlamento unicameral contra 49.7 % y 31 curules para el PNP. Tras un rápido conteo electronico, el PNP admitió prontamente su derrota y prometio realizar una oposición constructiva, proclamando que el gran ganador había sido el pueblo jamaiquino.
Mi sincera envidia de Jamaica brota de un alma dominicana de pura cepa que desde el exterior de su patria tiene que sufrir la vergüenza de ser testigo, gracias a la magia de la comunicación del siglo XXI, de la ópera bufa que una buena parte de los dirigentes dominicanos están desarrollando desde los escenarios más altos del evento electoral criollo.
Ojalá esos lideres no se dejen tentar por minorías que quieran pescar en el río revuelto de las ambiciones desmedidas que atentan contra el interés supremo de la patria dominicana. La historia electoral dominicana no se acabó el pasado 15 de mayo.
Un pueblo esencialmente pacifista estará tomando nota de todo lo que suceda en los días por venir. Ese pueblo castigará con su rechazo a cualquiera que trate de perturbar su libérrimo rito cuatrienal de soberanía.
*Por Fabio Valenzuela Sosa
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