Entre vecinos

El anuncio de que el gobierno que se instala el 16 de agosto pondrá un marcado empeño en mejorar las relaciones exteriores es alentador, pero no es la primera vez que se formula en circunstancias parecidas.

De manera periódica se escucha una afirmación como esta, unas veces con el énfasis puesto en los vecinos inmediatos, otras veces con la vista puesta en la región, y siempre con la disposición de aprovechar la cercanía, de atraer las inversiones y de darle calor a unos lazos históricos, de vecindad o de conveniencias mutuas.

Los Estados Unidos de América es, sin duda, el vecino más prometedor, pero no necesariamente el más fácil de tratar.

Y son muchas las razones en las que puede apoyarse el esfuerzo para establecer una mejor relación con ellos. La vecindad es una; es, fuera de América Latina, el lugar del mundo en el que viven más latinoamericanos y, desde luego, donde viven más dominicanos aparte de República Dominicana.

Un reenfoque de las relaciones con el principal socio comercial es oportuno ante la necesidad de encontrarle una salida firme a la situación económica presente. Pero también es justo preguntarse, ¿depende sólo de la administración dominicana el establecimiento de unas relaciones más activas con este vecino? No. También depende de ellos.

Y acaso sería necesario hurgar en las razones por las que otras administraciones han escogido otros caminos si siempre nos ha separado la misma distancia y las conveniencias siempre han sido las mismas.

Bienvenidas las intenciones de reenfocar las relaciones exteriores, bienvenidos los esfuerzos por atraer a inversionistas, pero que el esfuerzo no nos lleve a perder lo alcanzado en otras direcciones.