Entre la adversidad y el poder
Para conocer y evaluar a una persona, hay que verla en la adversidad.
Cuando se está en malas, cuando hay que sacar de abajo, cuando se cae presa de la desesperación y no se tiene a quién acudir, mientras los amigos se escurren furtivamente, ahí es donde se diferencian los pusilánimes de los de temple.
Hay dos situaciones altamente propicias para determinar qué clase de persona es un sujeto cualquiera. Una es la que ya describí más arriba: cuando estás en desgracia y la suerte te da la espalda. La otra es el caso opuesto: cuando tienes poder, mucho poder.
No recuerdo quién fue que dijo que hay que saber ser grande en la derrota y humilde en el triunfo. ¡Gran verdad! Pero ¡cuán pocos ejemplos de ello encontramos en la vida!
Podemos trasladar esas reflexiones a las cosas sencillas, a la cotidianidad de cada uno de nosotros. Todos los días vivimos pequeñas derrotas y saboreamos pequeños éxitos.
Armémonos de fortaleza espiritual cuando nos toque experimentar pequeños o grandes fracasos, y seamos modestos cuando alcancemos cualquier triunfo, grande o pequeño.
Si logramos hacerlo, habremos descubierto uno de los secretos de la paz interior.