Entre falsos evangelistas y falsos ambientalistas
El mundo de hoy gira indeteniblemente cargando el peso mercantilista de engañadores profesionales que cada día se aprovechan de la buena fe cristiana y del respeto social que han ganado las políticas de protección ambiental, y utilizan la fe y el ambientalismo para engañarse hasta ellos mismos.
Cada día usted ve a falsos profetas predicando el próximo fin del mundo, para atraer a creyentes que en busca de su salvación tributan el 10% de toda su producción, como si todavía se compraran las indulgencias, de aquella Edad Media de falsas creencias.
Usted ve en la televisión las prédicas de redención, pero al mismo tiempo les hablan de cuanto valora nuestro Dios a quienes entregan sus bienes para garantizar su salvación.
También le predican que la recuperación de su salud no está en las ciencias médicas, sino en la fe en Dios, pero que usted tiene que venir diariamente a orar y al mismo tiempo debe tributar para poder sanar.
Presentan un espectáculo de milagros donde el ciego vuelve a ver, el paralítico a caminar, el leproso se ha de curar, y hacen al mudo hablar, pero al final el sombrero han de pasar para que la multitud deba tributar.
Son muchos los casos de lujuria, pedofilia, prostitución y fraudes financieros contra la religión cometidos al amparo de la fe ciega de quienes adoran a su Dios creador y redentor, y los líderes de las diferentes iglesias prefieren guardar silencio total ante tantos engaños detrás de orar.
De igual modo, gentes que nunca en la vida se han preocupado por el medio ambiente, ni se las han jugado en las calles y en los tribunales en favor de la protección del ambiente, ni les importa en lo más mínimo el deterioro del medio ambiente, amanecen de repente convertidos al evangelio ambiental porque hay muchos intereses que salvar.
Usted ve a senadores, diputados, funcionarios, comunicadores y empresarios que siempre han estado de espaldas al cuidado del medio ambiente y a favor de toda depredación ambiental de los cauces de sus ríos vecinos, de los bosques de su provincia, y dañando el aire circundante, al tiempo que, habiendo ocupado funciones públicas en materia de alcantarillado sanitario y saneamiento básico, no hicieron absolutamente nada para evitar, ni disminuir, la contaminación de las aguas subterráneas con miles de toneladas de heces fecales urbanas que llegan diariamente a los acuíferos; pero hoy, al igual que los predicadores farsantes, se presentan como grandes evangelistas ambientalistas que desafían desenfadadamente a quienes nos la hemos jugado en las calles y en los tribunales defendiendo al medio ambiente, y a una sociedad agredida permanentemente por los rufianes de siempre.
Ahora usted ve a los empresarios del sector eléctrico argumentar y llorar porque las plantas a carbón producirán una alta contaminación, cuando ellos se han pasado décadas contaminando el aire, los suelos y el subsuelo con los desechos gaseosos, sólidos y líquidos que salen de sus plantas eléctricas, y en realidad el llanto no es ambiental, sino comercial, pues las plantas a carbón producirían cada kilovatio/hora a 5 centavos de dólar, mientras ellos venden al gobierno a precios que oscilan entre 14 y 23 centavos de dólar por kilovatio/hora, lo que indica que con las plantas a carbón se acabaría el negocio eléctrico en contra de esta nación, negocio que ha sustraído unos 10,000 millones de dólares en subsidios en la última década.
Cuando usted vea o escuche algunas de esas falsas prédicas ambientales, o falsas prédicas de fe cristiana, pregúnteles cuántas veces han ido a los tribunales a defender el ambiente de esta sociedad, o a defender a los pobres de solemnidad; pregúnteles cuántas veces han utilizado el dinero colectado en la iglesia para dar de comer a los pobres que tenemos y dar medicinas a los enfermos; pregúnteles a dónde van a parar los desechos orgánicos personales que salen del inodoro de su casa cargados de bacterias coliformes fecales; y pregúnteles a los generadores eléctricos cuantas veces han utilizado sus beneficios indecentes para sanear los ríos y el medio ambiente.
Cada día debemos soportar a falsos evangelistas y falsos ambientalistas que nos vienen a evangelizar para ellos prosperar.