Enfrentar sin descanso la hidra de las siete cabezas

Enfrentar sin descanso la hidra de las siete cabezas

Enfrentar sin descanso la hidra de las siete cabezas

Roberto Marcallé Abreu

Puede que en contadas líneas resulte imposible tratar con profundidad temas que a todos nos importan. Es obligatorio someterse a la tiranía del espacio disponible. disperso en declaraciones, noticias y discursos un tema siempre presente es el del país anhelado en contraste con el que visualizamos en nuestros sueños.

Una tarea difícil por cuanto existimos en un mundo de complejidades interrelacionadas. Si revisamos nuestro pasado histórico, este anhelo no pierde su vigencia.

Existe en muchos ámbitos una insatisfacción generalizada sobre lo que hemos logrado históricamente. Muchos males prevalecen.

En muchos dominicanos no existe un claro concepto sobre lo que es la patria y los esfuerzos colectivos hacia el logro de los sueños de nuestros fundadores. Hay mucho individualismo e intereses particulares desbordados y al acecho.

Los hay que no dejan de concebir la patria como un gran negocio, un botín a sustraer tan pronto se tenga la oportunidad.

Es parte de nuestra realidad histórica, y se advierte en todas las épocas, desde la proclama misma como país libre e independiente hasta en la cotidianidad de gente que anhela desesperadamente su retorno al poder.

Tal realidad ha sido un descomunal obstáculo al avance institucional del país sobre bases firmes. Concebir el ejercicio público como “la búsqueda del tesoro” ha generado distorsiones espantosas que han contribuido de manera desconcertante al permanente “mal estado de cosas”. Si algo parecemos haber olvidado o soslayado es la conducta de Duarte.

La honestidad, la decencia, el respeto al patrimonio público no siempre ha estado presente en el ejercicio público.
Nuestra práctica política ha estado contaminada por los apetitos.

Las fortunas que se han creado al amparo del poder son un verdadero escándalo. Mientras, una significativa cantidad de dominicanos subsiste a duras penas, en condiciones en verdad penosas. Lo peor de la corrupción es el mal ejemplo que crea y difunde.

No quisiera pecar de injusto, pero es mi opinión que hasta tanto no se le quite al ejercicio público la etiqueta del peculado, del aprovechamiento, del enriquecimiento ilícito, una parte sustancial de los recursos públicos serán desviados hacia destinos ajenos a sus fines.

Hasta la llegada al poder del actual presidente Luis Abinader, y con sus lógicas excepciones, los recursos del Estado eran una llave abierta en beneficio de la clase política y otros sectores de poder. Corrupción, peculado, tráfico de influencias.

Esa percepción ha ido cambiando. Son muchos los funcionarios que han sido destituidos, denunciados o deberían guardar prisión debido a estas inconductas.

El problema es que existe todo un engranaje orientado a favorecerlos. Es un inmenso muro de poder, fuerza y relaciones. Creo que el actual presidente ha estado haciendo sus mejores esfuerzos para contrastarlo y enfrentarlo. Lo cierto es que el país está saturado de problemas y si algo debemos hacer los dominicanos es esforzarnos hasta lo imposible para encaminarnos definitivamente por senderos de respeto y, decencia.