Enfermera narra vicisitudes y deplora condición laboral

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SANTO DOMINGO.- Lucia Amparo García, una enfermera de Maimón, Bonao es un ejemplo de superación y buena voluntad de trabajo, pero no ha tenido la suerte de que ambos elementos se conjuguen a favor para mejorar su condición de vida y la de sus tres hijos.

Sus vicisitudes comenzaron siendo niña cuando el papá de ella, la abandonó con su madre quien en ese entonces casualmente tenía tres hijos. Dice que corrió la misma suerte y ha tenido que “bandeársela sola” con miras a forjarle un mejor camino a sus vástagos.

En la búsqueda de personal paramédico en la primera línea del COVID-19 por parte de EL DIA para dar a conocer sus hazanas, apareció Lucia, quien labora desde hace nueve años en una Unidad de Atención Primaria Quinto Centenario, de Bonao.

La joven madre con 40 años de edad, cuenta que el coronavirus le ha traído temor, porque reciben pacientes que luego son referidos al Hospital de la localidad, y vivió un gran susto porque hace días creían haberse contagiado con un paciente que dio positivo.

Al margen de esa situación, su lamento en este momento no es el virus, sino la condición laboral en que permanece y le preocupa más que el coronavirus.

Deplora sueldo

“Lo que más me preocupa es la injusticia que cometen con nosotros, no es posible que una persona que sea profesional y lleve el programa de farmacéutica le paguen un sueldo de siete mil quinientos pesos cuando otras cobran hasta veinticinco mil, tampoco me han dado un incentivo de cinco mil pesos que ofrecieron por el COVID-19”, deploró Amparo García.

Cuenta que tiene días que gasta hasta RD$400 pesos de pasajes desde Buenos Aires a Piedra Blanca donde está la UNAP, por lo que asegura que trabaja para no quedarse en la casa y por su deseo de servir.

“Estoy desesperada, pago cuatro mil pesos de casa y dependo de pequeñas ayudas que me da mi mamá y ahora de vez en cuando mi papá que se acuerda que existo’» comenta la enfermera que espera su nombramiento por parte de Salud Pública.

Trayectoria

Haciendo vida en Zambrana Arriba, en sus tiempos mozos, Lucia se motivó y encantó con ser doctora a través de una promotora de salud que iba allí a poner vacunas y a visitar algunos enfermos del lugar.

Deseosa de ser médico, le pidió a la auxiliar que le permitiera ayudarle aunque sea con el termo de las inyecciones y así empezó su pasión por la salud.

Cuando terminó la escuela incursionó en un curso de enfermera auxiliar y mas adelante la jefa del Hospital realizó un curso completo en La Vega.

Formo casa aparte, tuvo sus tres hijos y más tarde se separó del papá de estos, situación que la obligó a trabajar duro vendiendo helados, habichuelas con dulces y otras chucherías.

Más tarde consiguió una beca y tuvo la oportunidad de graduarse de Licenciada en Enfermería en la Universidad Adventista en Santo Domingo. Aunque no completó su sueño de ser doctora, aspira a que por lo menos le paguen un sueldo justo como enfermera.

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