En una loma y frente a su parcela, Juan Tomás todavía encuentra el mundo en la radio

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Santo Domingo.- En una loma de Los Mapolos, en Sabana Grande de Boyá, Juan Tomás Santana mantiene una costumbre que lo ha acompañado durante buena parte de sus casi 80 años: cada día enciende su radio y sintoniza su estación preferida.

La escena ocurre lejos de las grandes ciudades y en medio de una vida dedicada a la agricultura, pero resume una relación que durante décadas han mantenido miles de dominicanos con la radio.

Juan Tomás vive en una zona remota de Sabana Grande de Boyá y no dispone de un teléfono con cámara, por lo que no fue posible contar con fotografías suyas para acompañar esta historia.

Su experiencia, sin embargo, permite acercarse a la realidad de quienes mantienen con la radio un vínculo cotidiano que trasciende generaciones.

En una loma y frente a su parcela, Juan Tomás todavía encuentra el mundo en la radio

Para Juan Tomás, el aparato que tiene a su alcance no es solamente un medio para escuchar música. Es compañía, información y, en muchos momentos, una herramienta de trabajo.

Desde su parcela sigue los reportes sobre las condiciones atmosféricas y escucha las informaciones que le permiten saber qué tan cerca están los fenómenos que pueden afectar al país.

Para un agricultor, conocer el comportamiento del tiempo puede ser determinante para organizar su jornada.

Pero Juan Tomás también escucha radio por placer.

En una loma y frente a su parcela, Juan Tomás todavía encuentra el mundo en la radio

A través del micrófono solicita merengues y canciones de su generación, aquella que comenzó a disfrutar durante los años 70.

Y cuando algún problema afecta a su comunidad, utiliza la radio para hacer su denuncia.

Así, casi sin proponérselo, ha convertido la radio en una parte de su rutina: le informa, lo acompaña, lo entretiene y le permite hacer escuchar su voz.

Una voz que llega hasta las comunidades

La historia de Juan Tomás ayuda a entender por qué la radio continúa teniendo un lugar importante en República Dominicana. En comunidades donde la conectividad no siempre está garantizada o donde el acceso a determinados medios puede ser limitado, una emisora puede convertirse en uno de los vínculos más directos con el resto del país.

La radio puede llevar noticias, pronósticos, música, orientación y denuncias comunitarias hasta lugares donde otros medios no siempre tienen la misma presencia.

En una loma y frente a su parcela, Juan Tomás todavía encuentra el mundo en la radio

Esa capacidad de llegar lejos ha sido una de sus principales fortalezas desde sus primeros años. Pero la radio que escucha Juan Tomás hoy tampoco es la misma que conocieron las generaciones anteriores.

Del AM al streaming

La historia del medio está marcada por una permanente evolución tecnológica. Primero fue la AM, que durante décadas acompañó a los dominicanos con noticias, música y programas hablados.

Después llegó la onda corta, capaz de llevar señales a grandes distancias. Más adelante apareció la FM, con una mejor calidad de sonido y nuevas posibilidades para la música y el entretenimiento.

La radio monofónica evolucionó hacia el estéreo y, con el paso de los años, el medio entró de lleno en el mundo digital. Hoy una emisora puede transmitir simultáneamente por su frecuencia tradicional, por internet, mediante streaming y a través de las redes sociales.

La radio dejó de ser únicamente sonido. Ahora también es video, fotografía, transmisión en vivo y contenido para plataformas digitales.

Una radio que también se ve

Rosa Olga Medrano, presidenta de la Asociación Dominicana de Radiodifusoras (ADORA), conoce esa transformación desde la experiencia de Grupo Medrano.

La nueva realidad digital ha obligado al grupo a crear una estructura de producción que va mucho más allá de la tradicional cabina radiofónica.

“Nosotros para la plataforma digital del grupo tenemos 28 personas trabajando, lo que yo no tengo en las 18 emisoras de radio”, explicó Medrano durante su participación en el Almuerzo Semanal del Grupo de Comunicaciones Corripio.

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La estructura incluye community managers, generadores de contenido, supervisores, fotógrafos y camarógrafos.

“Es como un canal de televisión”, afirmó.

La comparación permite entender la dimensión del cambio. La emisora que antes podía concentrar buena parte de su esfuerzo en producir una programación para ser escuchada ahora necesita crear contenidos para una audiencia que también quiere ver, compartir y comentar.

La competencia por la atención

La transformación tecnológica también modificó la competencia.

Antes, una emisora competía principalmente con otras estaciones de radio, la televisión y los periódicos.

Ahora compite con redes sociales, plataformas de video, podcasts, servicios de streaming y miles de creadores de contenido. La audiencia tiene acceso permanente a información y entretenimiento.

Las plataformas digitales han impuesto además una dinámica marcada por las visualizaciones, los “likes”, la rapidez y la necesidad de publicar primero.

Ese escenario plantea una preocupación para la industria: cómo mantener la velocidad de la comunicación sin sacrificar la calidad, la responsabilidad y los filtros profesionales.

Para las representantes del sector, la preparación de quienes utilizan el micrófono es fundamental. La radio necesita profesionales capaces de comprender los nuevos lenguajes, pero también conscientes de la responsabilidad que implica tener acceso a una audiencia.

Una industria que busca mantenerse vigente

El futuro de la radio también pasa por la regulación. Uno de los principales reclamos del sector es el cumplimiento de las normas que rigen la industria y el orden del espectro radioeléctrico.

En una loma y frente a su parcela, Juan Tomás todavía encuentra el mundo en la radio

La aspiración es contar con una radio sin interferencias y con reglas claras para todos los actores. Al mismo tiempo, las emisoras tradicionales deben competir con plataformas digitales que no siempre están sometidas a las mismas condiciones regulatorias.

Es una transformación que obliga a la industria a adaptarse sin perder su identidad.

Y Juan Tomás sigue escuchando

Mientras las empresas discuten sobre streaming, redes sociales, video, regulación, publicidad y nuevas audiencias, Juan Tomás continúa haciendo algo mucho más sencillo.

Enciende su radio. La escucha para saber cómo estará el tiempo. La escucha para conocer lo que ocurre en el país. La escucha para pedir la música que marcó su juventud. Y la utiliza cuando necesita denunciar un problema de su comunidad.

En una época en la que todo parece moverse hacia las pantallas, esa escena puede parecer antigua. Pero también es una muestra de que la radio no ha perdido completamente su lugar.

Ha cambiado de frecuencia, de formato y de plataforma, pero mantiene una característica fundamental: su capacidad de llegar directamente a la gente.

En las grandes ciudades puede competir con miles de contenidos. En una parcela ubicada en una loma de Sabana Grande de Boyá puede seguir siendo una compañía indispensable.

Por eso, el futuro de la radio no depende solamente de cuántas plataformas consiga conquistar. También depende de que conserve aquello que hizo que Juan Tomás la encendiera durante décadas: tener algo que decir y estar allí cuando alguien necesita escuchar.

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Sobre el autor

Katherine Espino

Katherine Nicole Espino Cuevas. Periodista, locutora profesional y CMM. Máster en Comunicación Política Avanzada por Next Educación (Madrid). Amante de la escritura bien hecha, las historias con sentido humano y las causas sociales. Creo en la comunicación con propósito, en los valores y en la fe que transforma.