En un rincón del alma

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Haití debe mirar al cielo
Llegamos a la frontera domínico-haitiana por Montecristi, era un jueves a la seis de la mañana. Entramos a una casa que era el lugar donde daban el permiso para entrar a Haití. La misión era llegar a Cabo Haitiano para una gestión de llevar a ayuda y enseñar la Palabra de Dios a los habitantes de ese lugar.
Pasamos la frontera y cruzamos el río Masacre, solamente nos separa un río, casi muerto. Entre polvo y piedra tomamos como transporte la camioneta o ‘tartags’ y comenzamos la travesía hacia la ciudad de Cabo Haitiano. Mis pensamientos sobre este país comenzaron a cambiar al sentir el aroma del camino polvoriento que parecía no terminar. Cuando llegamos a la ciudad con sus casitas de colores, un grupo de personas que parecían sacadas de una película, vendedores de toda clase de productos en la acera o el borde de la vía, fue la bienvenida para nosotros. Este tiempo en Haití miré a un pueblo de gente llena de valor, humildad y con deseo de tener una oportunidad de crecer como nación.
Mis palabras al Padre Todopoderoso es que levanten en esta hora a Haití como una nación nueva, que lo ocurrido ellos puedan verlo como una oportunidad para renacer como el ave fenix, que renació de las cenizas. Hay un texto en el Salmo 121 1-2 que dice: “Alzaré mis ojos a los montes; ¿de dónde vendrá mi socorro? Mi socorro viene de Jehová, que hizo los cielos y la Tierra… Haití debe de mirar a Dios en esta hora de destrucción y el Señor con sus manos lo sostendrá y restaurará. Y nosotros como nación vecina debemos orar, ayudar y utilizar todo lo que esté a nuestro alcance.

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El Día

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