En las calles todo cuenta

editorial

Personas que sienten el temor, justificado por cierto, de cruzar las calles entre vehículos en movimiento, buscan con la vista en las vías la cercanía de un puente para peatones y cuando los hay, los usan.

Otras, en cambio, ignoran los puentes peatonales y cruzan de una a otra acera haciendo piruetas para salir ilesas.
Es un hecho común en el Gran Santo Domingo, en el que se produce una combinación a veces fatal de conducción temeraria, obstáculos provenientes del uso particular de las vías por parte de vecinos, comerciantes o talleres, peatones que ignoran el riesgo por prisa o costumbre, y vías pensadas para cantidades masivas de vehículos, pero no para la gente de a pie.

Muchas veces, junto a un puente construido para los peatones, pueden ser vistas personas que se abren paso como pueden entre carros y motos para ir de uno a otro lado, y lo consiguen así sea al precio de grandes dificultades.
Cuando se les pregunta por qué lo hacen de esta manera, pueden encontrarse respuestas como estas: “Siempre lo hago así”; “en realidad, tengo prisa y necesitaba ganar tiempo”; “mis rodillas no están para subir y bajar escaleras, temo a ser asaltada”…

En un reportaje publicado en su edición del viernes pasado, el periódico El Nacional recoge los esfuerzos de un miembro de la Digesett para que la gente usara el puente peatonal en vez de tirarse a cruzar entre vehículos en la avenida José Ortega y Gasset, casi esquina Kennedy, frente al hospital militar.

Una de las tareas pendientes en los esfuerzos episódicos de las autoridades por ordenar el tránsito en la ciudad es la de hacer conscientes a todos los usuarios de las vías acerca de las denominadas “líneas de cebra”, su utilidad y la mejor manera de comportarse el peatón que camina sobre ella y el conductor que lo ve.
E insistir en el uso preferente de los puentes peatonales para cruzar las vías.

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El Día

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