En el ojo del huracán
No hay derrota más dolorosa y lacerante que la que se recibe de alguien a quien subestimamos.
Barry Bonds se declaró inocente en el juicio que se le sigue bajo la acusación de perjurio, sin embargo, la casi totalidad de la opinión publica en Estados Unidos tiene la creencia de que es culpable.
Este juicio condenatorio fuera de los tribunales es fruto de la percepción casi generalizada de que su producción como jugador de béisbol en los últimos años de su carrera estuvo íntimamente ligada al consumo de esteroides.
Bonds, cuando negó la utilización de sustancias prohibidas en el Congreso, jamás pensó que las autoridades profundizarían ese caso hasta las últimas consecuencias.
Lo cierto es que si este hombre, poseedor del récord de jonrones en Grandes Ligas, cae ante las garras de la Justicia, otras importantes figuras también se verán seriamente afectadas, porque es un secreto a voces que están involucrados casi o igual que en la misma proporción que Bonds.
El hecho de que su preparador físico Greg Anderson sea uno de sus acusadores le complica aún más la situación, porque serán llamados a testificar otros peloteros que estuvieron ligados a esa práctica malsana.