En defensa de la vida

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La sociedad dominicana, al igual que la mayor parte de las del Caribe y Centro América, se encuentra sometida a grandes niveles de violencia social.

Crímenes ligados al narcotráfico, al sicariato, a la desigualdad social, a la desarticulación de las familias, a la corrupción gubernamental y privada, generan un clima de inseguridad que todas las investigaciones de opinión y medios de comunicación destacan a diario.

No es cuestión de una percepción exagerada, es que efectivamente hay violencia.

Las causas son varias: el tráfico de drogas, la impunidad contra la corrupción, el descalabro del sistema educativo, la falta de oportunidades de emp leo, entre otras. Igual que las causas son muchas, deben ser varias las acciones para disminuir la violencia social.

Es peligroso, cuando no ingenuo, que muchos propongan la pena de muerte como solución. La pena de muerte está filiada precisamente con la violencia social. La cuestión no puede distinguirse en función de quién mata, si no que es precisamente la falta de respeto por la vida e integridad de las personas lo que debemos erradicar.

El escenario de violencia actual no surgió ayer, su gestación tomó décadas. Sin un buen sistema educativo, sin un adecentamiento del aparato policial, de la procuraduría y la magistratura, y sin una reforma del aparato económico para mejorar la distribución de la riqueza, no podremos sofocar la violencia que nos acosa como sociedad.

Cuidado con promover soluciones de violencia, eso equivale a lanzar gasolina al incendio. Lo opuesto a la violencia es la defensa a la integridad de la vida humana.

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El Día

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