Empecemos

La República Dominicana no es un país que se haya estacionado en el tiempo. Constantemente están en marcha procesos de cambios.

La economía y la apertura a vínculos internacionales, con países de Europa, Medio Oriente y la región lo confirman.

De dejarlo en manos de los que reclaman cambios habría que remover el país desde sus cimientos y transformarlo, hacerlo de nuevo, imponer nuevas leyes y reglamentos.

En fin, empezar desde cero. Pero la realidad es la mejor consejera para ver dónde hay que hacer los cambios y cuál sería a corto y mediano plazo el costo para emprender una agenda de cambios.

Por ejemplo, cada cierto tiempo se plantea que la Policía Nacional requiere una verdadera transformación para adecuarla a los tiempos modernos. Lo mismo se dice del Congreso Nacional, del Ministerio Público, de la propia Presidencia de la República. En fin, se plantea la necesidad de reforma en casi todas las instituciones, pero la sociedad luce atascada a la hora de ejecutar esos propuestos cambios.

Se tiene que plantear también qué estamos dispuestos a hacer de manera individual y colectivamente para que esas reformas sean una realidad.

Por ejemplo, no podemos hablar de mejorar la seguridad ciudadana sin invertir en la tecnificación y capacitación de nuestra Policía. Cómo exigirle a una DNCD que cumpla a cabalidad la misión para la que fue creada si sólo se le asigna un presupuesto de sobrevivencia. El mismo razonamiento se extrapola a la Educación, la Salud y la Justicia, para sólo citar algunos casos. A la hora de elaborar lo que parece será un presupuesto deficitario hay que eliminar gastos no prioritarios, para impulsar las transformaciones.