En el ámbito criminológico y en el de la política criminal, nos referimos a los ofensores sociales como sujetos que realizan conductas que infringen la norma jurídico-penal, y que, por ello, pueden ser objeto de sanción penal, conforme a la ley. Los podemos clasificar en varios tipos.
De ocasión, si cometen delitos de manera aislada, sin ninguna relación con su carrera de vida; habitual, o reincidente, si se repite su comportamiento delictivo durante un largo tiempo; existen los ofensores organizados, si están dentro de una gran variedad de comportamientos, como por ejemplo los habituados a la delincuencia, que actúan en grupo, o los que planifican fechorías más complejas y se distribuyen las tareas dentro de una estructura o grupo; están los ofensores juveniles que cometen delitos, frutos de las malas compañías, por su corta edad e inexperiencia de la vida.
Esto los mantiene a flote en su vida desviada, sobre todo frente al sistema de Justicia. Pero, la vida de la cárcel los desfigura y los retiene en ese mundo de criminalidad.
Existe una clasificación mas, aquella que los divide entre violentos y no violentos. En los primeros, la crueldad de la comisión de delitos se vuelve el rasgo característico, en las riñas, los atracos; están los que no se les puede considerar violentos, a pesar de entrar y salir de la criminalidad.
Explicado más o menos claro, hasta aquí, es importante acotar que hay delincuentes y hay ofensores. Esa es la amalgama de la vida social. Pero la delincuencia crece más rápido que los métodos que ha ideado la sociedad para frenar esta tendencia que indica que hay mucha gente involucrada en la mala vida. Delincuentes y ofensores tienen en común compartir una vida arrastrada por los vicios, una familia rota e incompleta, falta de medios económicos y el paro laboral, especialmente entre los más jóvenes, quienes son blanco fácil de la criminalidad.
En República Dominicana hay una enorme masa de ofensores sociales en ebullición, a punto de pasar a la delincuencia. Sólo en el mes de septiembre del presente año, algo más de 30 ofensores delincuentes fueron abatidos por sus delitos y crímenes.
Así no se conocerán la raíz del problema, ni las condiciones de vida a las que pertenecen, no sólo ellos, sino la barriada atestadas de conflictos sociales, en espacio donde manda la ley del más fuerte, con grandes vicios que marcan el hábitat. Este mapa social es el que ha determinado la actuación de los agentes policiales frente al crimen, al delito, y a la mala vida; matarlo como método de represión, es a veces una ejecución extrajudicial, y eso no es bueno.
Esos son los pequeños delincuentes de la sociedad, unas pobres almas, que producen en efecto excesivos y terribles daños, violencia extrema, que deshumanizan y amenazan gravemente la convivencia social.
La criminología tradicional y moderna ha establecido que los delincuentes y los ofensores no son enfermos, ni siquiera son diferentes a todos nosotros. Son seres que no han tenido la oportunidad que se esperaba tener en sociedad.
¿Qué lectura debemos dar cuando en apenas un mes la autoridad mato a ofensores delincuentes en las proporciones citadas? El delincuente es quien mata, roba, atraca, y todas esas cosas. No hay una sola razón para que los operadores de la ley lo emulen. O peor aún, competir en la cantidad de ejecuciones de personas.