Elecciones y narcotráfico

Muchos espejos pueden servirnos para ver a qué nos enfrentamos los dominicanos, pero preferimos darle de lado.
En estos días ha estado de moda externar preocupación por la posibilidad de que personas vinculadas al narcotráfico se cuelen en cargos congresionales y municipales en las elecciones del año próximo.
Los principales partidos políticos han dado declaraciones en esa dirección y hasta han “ordenado investigar” a los precandidatos para evitar que se filtre algún narcotraficante, pero tememos que eso no pasará de simple retórica.
Por ahí anda, a la luz de todos, una serie de candidatos exhibiendo fortunas que no pueden justificar, mientras la dirección de sus respectivos partidos simplemente les aplaude y se regocija por la posibilidad de sumar un diputado más, un síndico, un regidor o un senador.
Si de algo sirve, queremos recordar que la más sangrienta guerra criminal escenificada en Colombia tuvo uno de sus tantos orígenes en la infiltración de narcotraficantes en el Congreso Nacional con la intención, en esa ocasión, de impedir cualquier iniciativa legal que permitiera la extradición a Estados Unidos. El colmo se produjo cuando ganó una curul Pablo Escobar en persona. Llegó con un aura de hombre solidario y garantía de triunfo para el denominado Nuevo Liberalismo. Cuando un político comprometido con la lucha contra esa actividad, Luis Carlos Galán, lo desenmascaró y lo enfrentó, fue víctima de un atentado que le costó la vida. A partir de ese momento la guerra fue frontal y Colombia vivió en los ochenta y parte de los noventa una verdadera guerra.
Los partidos dominicanos no cuentan con mecanismos eficaces ni con voluntad decidida para evitar ser infiltrados y se avecina una campaña donde parece que el dinero, en muchas provincias, marcará la diferencia entre un candidato ganador y un perdedor.
Las advertencias están hechas. Faltan las acciones.