El Valor de la Verdad
Siempre he pensado, que cuando uno "vende" su fuerza de trabajo o bien acepta un empleo, no necesariamente está vendiendo su cerebro o sus posiciones políticas.
Creo que lo ideal sería trabajar en el área y en la forma en que tus convicciones y posiciones políticas e ideológicas, estén de acuerdo con lo que te toca hacer laboralmente, pero no siempre (o casi nunca) sucede así.
Conviene entonces ser un trabajador independiente, un profesional liberal o un pequeño propietario. O bien un académico o un empleado de las ONGs que resultan ser más tolerantes. Pero no todos tienen ese privilegio.
Sin embargo, cuando ya no quedan otras opciones y hay que resignarse a trabajar en empresas en las que uno no cree o en instituciones con problemas de intereses con tus ideas, el trabajador obligado, debe seguir pensando como siempre lo ha hecho, aunque las condiciones no pueda discutirlas.
El proletario, ya sea intelectual o manual, debe conservar (aunque sea disimulado) su independencia plena y sus ideas, porque no debe vender jamás su cabeza.
Cuando a los esclavos africanos arrancados de sus tierras les fueron impedidos creer en sus propios dioses, y fueron "cristianizados" a garrotazos limpios, estos optaron por subvertir el significado de las blanqueadas imágenes de los santos católicos, para debajo de sus pieles y ropajes occidentales, suponer sus propias deidades. Así San Miguel Arcángel se convirtió en Belié Bercan, con todo y espada. San Santiago se convirtió en Ogún Balenyó y Santa Ana en Ana Isa.
Pero regresemos al tema. Lo cierto es que los que trabajan en empresas, instituciones o cuerpos, deben cumplir sus funciones con eficiencia y pulcritud, pero no deben jamás vender sus cerebros.
En mi caso, durante los cuatro años que trabajé en CONALECHE, entregué mis energías para promover la producción lechera. Como creo en que la producción es el trabajo, y el trabajo es el desarrollo, tuve pocos, o bien ningún choque de intereses, hasta hoy.
Además de considerarlo mi trabajo, apoyar a los productores nacionales, ofrecerles estadísticas, informaciones y asesorías, siempre fue mi convicción.
Acompañar a la Cooperativa de Ganaderos del Noroeste (COOPFEDEGANO) y a La Cooperativa de Ganaderos del Sur (COOPESUR), solo para poner dos ejemplos de empresas cooperativas nacientes, dignos ejemplos de que "otra economía es posible", fue para mí una labor, más que de trabajo, de compromiso social y político.
Creo que los ganaderos dominicanos, agrupados en más 100 asociaciones esparcidas en todo el país, desde Puerta de Mulo, Cordero y Cana Chapeton en la Línea Noroeste, hasta Nisibon, Sabana de La Mar y el Seybo en el Este; desde Las Matas de Farfán, Padre las Casas y Duvergé en el Sur, hasta Río San Juan, Luperón y Villa Riva en el Norte, podrán testificar sobre mis funciones y sobre mis esfuerzos.
Lo mismo podrán decir los presidentes de las cinco Federaciones Ganaderas, FEGACIBAO en el Cibao Central, FEGASUR en el Sur, FEDEGANORTE en la Costa Norte, FEDEGANO en el Noroeste y FEDEGARE en el Este.
Afortunadamente, la Ley 180-01, bajo la cual trabajé es muy clara al plantearse como objetivo la Autosuficiencia Lechera, por lo que nunca tuve problema con mi transparente y decidida orientación de favorecer la producción sobre la importación.
Tampoco la politiquería de los partidos influía mucho sobre CONALECHE, al menos hasta ahora, por lo que nunca tuve enfrentamientos por mi forma de pensar.
Ahora bien, como muchos saben, he perdido mi trabajo por no vender mi cerebro. Ofrecí los datos reales de producción de leche para 2010, porque son informaciones públicas, verificadas y certificadas por nuestra institución, la cual es la única que mantiene un sistema nacional de recolección de estadísticas sobre leche, a través de más de 400 queserías en toda la geografía nacional.
Ofrecí los datos porque era mi deber, porque las estadísticas no deben ser manipuladas ni alteradas por conveniencias políticas o mercuriales.
Las estadísticas muestran una fotografía de la realidad, y mientras más verídicas son, permiten establecer políticas públicas más acertadas.
Ofrecí los datos porque son la verdad. Porque mi ética profesional así lo ordenaba.
No tengo la culpa que el Sr. Ministro de Agricultura tenga la mentira como política oficial.
No tengo la culpa de que quieran esconder la realidad con shows mediáticos y repartición de "cajanastas".
Asumo mi responsabilidad y el costo de mis posiciones.
Asumo con seriedad el haber actuado como actué y prometo seguir actuando de la misma manera, cuésteme, lo que me cueste.