¿El último combate?
A la hora de escribir esta columna, el boxeador boricua Héctor Macho Camacho se debatía entre la vida y la muerte.
Es muy probable que ya se haya producido su deceso, debido a que su vida dependía de un respirador artificial.
Es una lástima que históricamente la tragedia ha perseguido a los boxeadores latinoamericanos.
Eleoncio Mercedes, Fausto Ceja Rodríguez, Carlos Teo Cruz, Agapito Sánchez, Francisco de León, Ángel Café Jiménez, Francisco Quiroz y Pedro Julio Nolasco, son los púgiles criollos que me llegan a la memoria.
En otros lares, Edwin Valero, Carlos Monzón, Arturo Gatti, Salvador Sánchez, Carlos Ortiz, Davey Moore, Benny Paret y Carlos Barreto, por solo ocho casos.
Macho Camacho siempre fue un hombre violento, aunque su figura daba la impresión de ser un bonachón, debido a que, aparte de su figura de buenmozón, siempre entraba bailando y con ropa estrafalaria a los cuadriláteros, con lo que revolucionó ese deporte, compuesto hasta entonces de una mayoría de hombres rudos, de cara dura y escasa educación.
El combate que libraba hasta ayer Macho Camacho es casi seguro que sea el último de su vida.