Nuwakot. La única carretera del valle del Bhote Koshi quedó dividida este viernes entre dos urgencias opuestas tras una nueva alerta de crecida. Mientras decenas de familias descendían a toda prisa con sus pertenencias y ganado para poner a salvo lo que les queda, un puñado de pequeños utilitarios intentaba abrirse paso en sentido contrario con personas decididas a llegar a las aldeas aisladas para buscar a sus desaparecidos.
En uno de los tramos más castigados por el lodo, un todoterreno cargado hasta el techo descendía lentamente con colchones, bidones, sacos de ropa y tres cabras atadas en la parte trasera. Desde las ventanillas, los ocupantes sacaban medio cuerpo agitando los brazos para frenar a los vehículos que todavía pretendían subir hacia el valle.
«¡¿No sigan, den la vuelta!»
"¡No sigan, den la vuelta! ¡El río viene sucio y vuelve a crecer arriba!", gritaron.
"Hace dos días no tuvimos tiempo de reaccionar y el agua se llevó la mitad del pueblo. Hoy escuchamos el aviso de las aldeas de más arriba y metimos a los niños, lo poco que pudimos salvar y a los animales en el coche. Quienes tenemos la suerte de estar vivos y con la familia junta no nos vamos a quedar a esperar el segundo golpe", relató Pemba Sherpa, uno de los ocupantes, mientras hacía una breve parada en el arcén para ajustar las cuerdas de la carga antes de seguir el descenso.

A contracorriente de esa huida, los únicos que desafiaban las grietas del asfalto y el barro eran pequeños turismos procedentes de otros distritos, conducidos por vecinos que llevaban dos días sin noticias de sus allegados tras la caída de las líneas telefónicas y el corte de las vías secundarias.
"Veníamos en el coche a buscar a mi cuñado, que sigue desaparecido, pero la Policía nos ha parado y la propia gente que baja nos pide que demos la vuelta" explicó Ramesh Khadka tras quedar encallado en un desvío de tierra.
"Entiendo que ellos huyan porque ya tienen a los suyos consigo, pero cuando tú no sabes si tu familia está viva o muerta es imposible dar media vuelta y marcharte sin mirar" agregó.
Ese cruce de trayectorias terminó congestionando los pasos estrechos donde los desprendimientos habían reducido la calzada a un solo carril de fango, obligando a los convoyes del Ejército y la Policía a frenar el paso para ordenar la salida de los civiles, mientras los helicópteros asumían los traslados urgentes y el reparto de víveres en las cotas más altas.
A lo largo del cauce, la jornada dejó el reflejo de dos realidades opuestas en la misma pista de montaña: la de quienes cargan todo en un vehículo para escapar del río y la de quienes se adentran hacia el peligro con la urgencia de encontrar a los suyos.
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