El sargazo ya está aquí
Para muchos se ha hecho evidente la llegada de una de las temporadas más incómodas del año, particularmente por las altas temperaturas, las afecciones de salud relacionadas con el sistema respiratorio y por las advertencias ante los riesgos que representa una extendida temporada ciclónica.
Pero tenemos también en estos días un visitante de reciente factura que ya está aquí: el sargazo.
Esta manifestación de temporada se ha convertido en un quebradero de cabeza para el turismo de sol y arena que hasta ahora ha resistido inversiones, imaginación y experimentos para evitarlo en las costas o sacarle provecho de alguna manera.
Cuando se ve llegar el sargazo se piensa en primer lugar en el gran turismo, pero el pequeño, que vive del visitante local, el comercio del entorno de playas y balnearios, lo sufre tanto o más por la debilidad de sus fuerzas.
Es una peste reciente sobre toda la región, que ha tenido que aprender, de alguna manera, a vérselas con esta realidad.
Los paliativos han sido, hasta ahora, sólo eso, alivios momentáneos.
Y apenas acaba de empezar la temporada alta del sargazo, que en los tres o cuatro meses venideros tiende su manto marrón a lo largo de las costas, particularmente en la ribera caribeña, la más expuesta.
Si estas algas tienen algún valor energético, si pueden ser aprovechadas como fertilizante o con fines artesanales, está por verse si se puede contar en poco tiempo con una tecnología para convertirlas en oportunidad o con tantas manos activas para la elaboración de cestas, adornos u otros utensilios hechos con las manos.
Sería, desde luego, la única de las particularidades de este extendido verano con la que se podría hacer algo, porque con el polvo de Sahara y las tormentas, nada, como no sea esperar la interseción de la Providencia.