El riesgo de vivir una fe verdadera

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La fe (Heb. 11)
La fe es un riesgo permanente y no un vegetar burgués tradicional, ni vivir cómodo o instalado.
Hoy es preciso testimoniar con hechos la fe, para que el mundo no señale la dignidad del extraño o los extraños.
Todos los seres humanos tienen derecho a nuestro respeto y le debemos honradamente una respuesta.
No podemos eludirla con nuestro silencio.
Hemos pasado del mundo de la cristiandad, donde todo se veía desde el ángulo de la fe, al mundo de la racionalidad, donde todo se cuestiona, se integra y se pone bajo duda.
Estamos en un mundo secularizado, y en el lugar que le corresponde a Dios hemos puesto al hombre. El hombre se ha querido colocar en el lugar de Dios.
En la base de todo este trance hay una angustia de autenticidad, de sinceridad consigo mismo, con Dios y con el pueblo.
En el fondo, lo que se desea es vivir una Fe, un a vida verdadera.
Ya la Fe no se entiende como un aprender cosas de memoria, un ir simplemente a la iglesia o al catecismo o un hacer la primera comunión. La fe, hoy, para que sea auténtica y verdadera, debe tener dos características: ser liberadora y trasformadora.
Si no libera y transforma corre el riesgo de convertirse en opio del pueblo, o en algo que adorne a la gente.
Hoy no se puede enseñar religión para adormecer a la gente, sino para que libere y transforme.
La fe es un don y una tarea al mismo tiempo.
Es don de Dios, pero ese don se convierte en tarea para los que la recibimos; tal y como afirma Santiago en su carta, la fe sin obras es una fe muerta.
La fe es un regalo del padre de los hombres.
Un don de amor. Y todo auténtico amor es libre. No se impone a nadie.
Simplemtente se acepta o se rechaza.
Tener fe es haber pronunciado un sí vital de amor a la entrega del padre a nosotros.
Para nosotros, la fe es un continuo caminar. Es crecer, caer. Es levantarse, es una conquista. Tener Fe es un compromiso.
La Fe y la razón no van en contra. Fe y razón se complementan.
Hoy estamos llamados a dar razón de nuestra fe.