El rescate del encanto
Con la desaparición de los liderazgos caudillistas dentro de los partidos políticos dominicanos uno pensaba que el inmovilismo también sería arrastrado para dar paso a un ejercicio de alternancia que posibilitara un upgrade facilitador permanente de propuestas frescas y encantadoras.
No me refiero exclusivamente a los proyectos presidenciales algunos de los cuales son en sí mismos el retroceso y hasta la negación de la parte buena de los caudillos- sino a toda una estructura dirigencial inamovible, anacrónica, agazapada e inútil que medra a la sombra de los partidos y siempre se asume lista para gobernar.
Esta élite una verdadera crianza de dinosaurios- se las ha arreglado para sobrevivir aferrada a su membresía en los órganos de dirección de los partidos, una reivindicación que se convierte en un pasivo costoso, pues sus años de militancia tienen que ser compensados con dejarle esquilmar algún ministerio o, cuando menos, hasta un secretariado de Estado sin cartera.
Vaya a las hemerotecas, revise los titulares de los periódicos y verá que es la misma gente, en algunos casos reducida cuantitativamente porque el inevitable y natural fenómeno de la muerte le ganó alguna partida.
En su diccionario no existe el retiro y su vocación de acompañamiento a cualquier proyecto de poder es irrefrenable. Se trata de una suerte de consejo bíblico de ancianos injubilables que no quieren saber de reformas internas, de dar paso a nuevos talentos para el reciclaje institucional.
Los partidos están llenos de personas valiosas, pero invisibles, opacadas por ese muro de contención que forman los paquidermos políticos del pasado, tan creadores de otoño que hacen de cualquier propuesta de poder -aún tenga cara nueva- un proyecto ajado.
Hoy más que nunca proliferan los llamados sectores externos, tan numerosos para algunos aspirantes presidenciales que es como tener bajo la manga un segundo partido. Esto no es más que la expresión de un desencanto respecto a ese orden factual que gobierna a las instituciones políticas.