El reingreso de Cuba a la OEA
Hace bien la Organización de Estados Americanos en discutir libremente sobre el posible reingreso de Cuba al seno de esa organización regional.
Las naciones de América tienen ante sí diversas fórmulas para intentar el acercamiento colectivo con la isla caribeña, pero no se sabe cuál podría ser la reacción cubana.
Se supone que la OEA quiere que todos sus países miembros estén identificados con los principios democráticos, con los derechos humanos, con la aceptación de la disidencia política y con la libertad de prensa y de expresión, entre otras condiciones.
Cumplir con los preceptos y las normas que rigen el panamericanismo, contenidos en la Carta Democrática y la Declaración Interamericana de los Derechos Humanos, es un compromiso de las naciones que conforman la OEA, y debe serlo también, por pura lógica, de las naciones que, como el caso de Cuba, pudieran ingresar o reingresar en el futuro.
Por lo tanto, quienes condicionan el reingreso de Cuba a la OEA a que asuma un compromiso con la democracia no hacen más que recordar lo que debiera ser en todas las naciones.
La existencia de presos políticos o la inexistencia de la libertad de prensa y expresión en una nación americana, son temas fundamentales que no pueden tomarse a la ligera.
El debate sobre el reingreso de Cuba al seno de la OEA bien pudiera constituirse, pues, en un instrumento para ayudar al pueblo cubano a recuperar libertades fragmentadas y vivir en un régimen democrático donde la disidencia política tenga sus espacios garantizados.
Ojalá que el régimen cubano, definitivamente, decida acogerse a las reglas de la democracia y la comunidad americana pueda darle la bienvenida al seno del organismo regional.