¿Quién dijo que tener un propósito es cosa de jóvenes? La vida cambia con los años, pero la necesidad de sentirnos útiles, activos y conectados permanece. Para muchos adultos mayores, especialmente después de la jubilación, encontrar un propósito puede convertirse en una poderosa fuente de bienestar.
Tener algo que esperar, disfrutar y compartir nos mantiene en movimiento. Nos ayuda a cuidar la salud, fortalecer la autoestima, conservar la independencia y enfrentar los años con una actitud más joven. El propósito no necesariamente tiene que ser un nuevo trabajo. Puede ser enseñar, viajar, cuidar un jardín, acompañar a otros, aprender algo nuevo o, simplemente, hacer aquello que nos hace sentir vivos.
Un hermoso ejemplo lo encontramos en Santiago, República Dominicana, con los adultos mayores amantes del baile que forman parte del denominado “Son de Keka”, que cada domingo se reúne en Los Pepines. Allí, durante horas, bailan con una energía que desafía cualquier prejuicio sobre la edad.
Su pasión por el son los ha llevado a distintos destinos. Han mostrado su talento y alegría en Nueva York, Cuba, Panamá y otros lugares.
Ahora tienen en agenda una presentación en Chicago a mediados de octubre.
Ellos son personas extraordinarias porque han convertido su pasión en propósito. Y, en ese hermoso intercambio de dar y recibir, el baile les devuelve fuerza, agilidad, alegría y conexión.
La edad puede marcar nuestros años, pero no tiene por qué definir nuestra manera de vivir. Mientras tengamos un propósito, siempre habrá una razón para levantarnos y bailar. ¿Y tú, qué puedes decir?
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