El principio
Todo el país, el Gobierno y la sociedad acabamos de agotar una agenda de trayectoria. Empezaremos un nuevo año y hay grandes expectativas, en todos los órdenes, de cómo será su desarrollo.
El año que recién finaliza fue intenso. Se logró una renegociación del contrato entre el Estado dominicano y la minera Barrick Gold luego de un gran proceso de diálogo entre las partes.
En este año se dio un verdadero empuje al plan de alfabetización, aprovechando que por primera vez se destinó el 4% del Producto Interno Bruto a la educación preuniversitaria.
También se produjo una controversial sentencia del Tribunal Constitucional, que aplicada a plenitud permitirá poner la casa en orden en cuanto al tema de la migración ilegal.
Ahora estamos en la antesala de un nuevo año.
Si empezamos bien terminaremos bien. ¿Qué necesitamos para lograrlo? Primero grandes planes. Planes que llamen a la solidaridad y conjunción de propósitos nacionales. Planes que deben ser fruto de un análisis serio y bien ponderado.
Hay muchos planes que se iniciaron, que deberán ser continuados. Ese compromiso incluye a las familias dominicanas, principal núcleo de la nación; y, por supuesto, a las autoridades del país.
El optimismo, la reflexión, la moderación y el deseo de aportar al desarrollo deben albergarse en los primeros pensamientos de principios de año.
Con planes serios haremos el compromiso y apostaremos a la concreción de un gran porvenir. Ese optimismo nos hará vivir en armonía social, pero sobre todo, con los ojos puestos en el futuro inmediato.
Manos a la obra.
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