Se dice que el presupuesto dominicano se reparte en cuatro cuartos: uno para la deuda, otro para la educación, otro para los subsidios y el último para sostener el Estado e invertir.
No es una cuenta exacta, pero retrata bien una realidad: el Gobierno tiene muy poco margen de maniobra, porque la mayor parte del gasto está comprometida antes de que empiece el año.
Conviene precisar que hablamos del presupuesto, no del producto interno bruto (PIB). El gasto total de 2026 ronda el 18.7 % del PIB, y su partida más grande no es educación ni salud, sino la deuda pública, con RD$362,550 millones. La deuda no se paga con el PIB, sino con impuestos. Por eso el indicador que más preocupa es otro: los intereses consumen el 26.2% de los ingresos tributarios. Uno de cada cuatro pesos que pagamos en impuestos se va en intereses, cuando lo prudente sería no pasar del 15 %. Y para 2027 se proyectan RD$351,327 millones solo en intereses.
La educación recibe el 4 % del PIB por mandato legal, una conquista que nadie quiere revertir. Pero desde 2013 esa asignación nunca se ha ejecutado completa, y la calidad no ha mejorado al ritmo del gasto.
Los subsidios son el barril sin fondo. El eléctrico superó los RD$79,000 millones en apenas ocho meses, y se le suma ahora el de los combustibles. El subsidio generalizado beneficia más al que más consume que al que más necesita. ¿Qué queda para el futuro? La inversión de capital es apenas el 13.3 % del gasto. Por cada peso que invertimos en obras, destinamos casi RD$1.50 a intereses.
Mientras tanto, entre enero y el 16 de octubre el déficit fiscal alcanzó RD$212,863 millones, alrededor del 2.4 % del PIB, y se proyecta cerrar el año en 3.4 %. Ese faltante se cubre con deuda nueva, que mañana generará más intereses. Es un círculo vicioso.
La salida pasa por reducir las pérdidas eléctricas, focalizar los subsidios, exigir resultados en educación y emprender una reforma fiscal gradual que amplíe la base.
Un país no se arruina de golpe: se va quedando sin espacio poco a poco. La pregunta no es si debemos actuar, sino si seremos capaces de hacerlo antes de que sea demasiado tarde.
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