El periodo en que la Cultura pasó de cenicienta a princesa
A la gestión gubernamental encabezada por Leonel Fernández, 1996-2000, se le puede atribuir cualquier desacierto. Aún sin aportar las pruebas y a pesar de la fragilidad del sistema democrático.
Pero al margen del enceguecedor fanatismo político, desconocer que durante este periodo gubernamental la Cultura adquirió una dimensión nunca antes vista en la República Dominicana sería tan injusto como refutable. La realidad así lo dejó evidenciado ante el paso del tiempo y de otros gobiernos.
Inmediatamente asumió el poder, el presidente Fernández ordenó una investigación dirigida por Laura Faxas, tendente a contabilizar los organismos culturales existentes en el país. Las opiniones e ideas de la población y los activistas comunitarios sobre lo que necesitaba el sector cultural para su despegue.
Este levantamiento dio paso a la creación del Consejo Presidencial de Cultura, compuesto por intelectuales y artistas y coordinado por el cantautor Victor Victor, sentando las bases para promover la gestión cultural. Y creando un precedente de apoyo gubernamental directo a las artes y a la belleza, mientras la presidencia desarrollaba una política orientada a erradicar el aislamiento internacional.
Aunque el país carecía de un ministerio dedicado exclusivamente a la Cultura, se promovió el libro y la lectura mediante la expansión e impulso de las ferias. Un acercamiento de la literatura a la población, generando espacios de competencias estudiantiles y diálogos ciudadanos, como el Diálogo Nacional, de inclusión y discusión sobre los grandes temas nacionales que involucró a diversos sectores; gestión participativa.
Se impulsó el Sistema Nacional de Bellas Artes y redes de coros y bandas para que el desarrollo cultural no se centralizara solo en la capital.
Como mismo se podía ver y escuchar un concierto sinfónico en el Palacio de Bellas Artes se podía hacer lo mismo en barrios como Capotillo, sobre una patana movilizada para los fines.
En el plano de las artes populares se valoró la importancia de preservar la identidad dominicana, en base al papel del merengue en el patrimonio y la cultura colectiva.
De cenicienta marginada, la Cultura pasó a ser princesa de prioridad nacional.