El peligro de ser honesto en RD

23

Cuando los dominicanos creíamos haberlo visto todo, entonces entra a escena el patético Jean Alain con su burda acusación contra quien es –sin duda- una reserva moral de la sociedad dominicana: Miriam Germán Brito, una mujer a quien le pesa el ruedo de la falda.

Lo que debió ser una evaluación ejemplar de 10 jueces de la Suprema Corte de Justicia, fue convertido abruptamente en un “foro público”, al mejor estilo de aquellos días aciagos de la tiranía trujillista, en los que se “aniquilaba” moralmente a los funcionarios caídos en desgracia con el “Jefe”.

Sin tapujos, el procurador, uno de los integrantes del Consejo Nacional de la Magistratura , aprovechó su turno para dirigir sus dardos envenenados contra la jueza. Pretendió hacer creer que las dos primeras objeciones provenían de un anónimo. Nadie le creyó.

Reveló que cuenta con un servicio de calieses que le ha dado seguimiento a Germán Brito, lo cual es una violación a la ley.

El mismo que sacó del expediente a más de la mitad de los originalmente imputados de recibir sobornos de Odebrecht, “¡cosas veredes Sancho!”.

De manera olímpica violó el reglamento del Consejo, que establece cuál es el procedimiento de evaluación “cuando se trata de aspectos que sean parte de la intimidad personal y familiar del juez”.

Con la mayor desconsideración que le fue posible, Jean Alain se refirió a un hijo de la jueza e insinuó que esta lo usaba como “testaferro”.

Ante la mirada firme de la jueza, que permanecía impertérrita ante los despiadados ataques, el procurador citó –de modo que comparte- la “preocupación” de un ciudadano “anónimo” sobre la ética y transparencia de la jueza Miriam Germán Brito, a quien por ello descalifica para seguir siendo parte de la honorable Suprema Corte de Justicia.

Hay quienes consideran esos ataques como una retaliación por la forma contundente en que la magistrada le enrostró al propio Jean Alain la forma chapucera en que, a su juicio, estaba hecho el expediente contra los imputados en el caso Odebrecht.

Definitivamente, hay personas a las les falta humildad para recibir lecciones.
El tiempo dirá quién tenía razón. Dependiendo de la presión que haga la sociedad es posible que sacrifiquen algunos chivos expiatorios.

Pero como bien dijo la diputada Josefa Castillo, a quien hay que reconocer la actitud digna y solidaria que sostuvo en el momento, al procurador le ocurrió como aquel que quiso agarrar al diablo por el rabo.

En efecto, con su ataque artero contra la honorable jueza, quien ha quedado mal ante la sociedad es precisamente el acusador, o como se dice en el barrio: “le salió el tiro por la culata”.

Ante tanta infamia, la magistrada Germán Brito quizá reflexione sobre la actitud de la también honorable Katia Miguelina Jiménez Martínez, jueza del Tribunal Constitucional, quien ayer anunció que retiraba sus aspiraciones de ser miembro de la Suprema Corte. Una forma de expresar su indignación ante lo ocurrido.

El ataque desconsiderado e irrespetuoso del procurador Jean Alain Rodríguez contra la magistrada Miriam Germán Brito refleja la terrible inversión de valores que predomina en el país.

Cabe preguntarse si Jean Alain actuó “motu proprio” o fue solo un mensajero.

Es lamentable, pero hechos como el aquí comentamos nos llevan a la conclusión de que ser honesto en una sociedad controlada por rufianes es un peligro.

-- publicidad --