El pantano de la izquierda dominicana

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Oriades Pérez Reyes

La historia dominicana exige reconocer el invaluable papel que han desempeñado las organizaciones y los dirigentes de izquierda en la defensa de las reivindicaciones populares.

Durante distintos momentos de nuestra historia sus incansables luchas ayudaron a sembrar ideas de libertad y justicia social tanto en los sectores medios como entre los más empobrecidos.

Sin lugar a duda este importante legado ideológico forma parte inseparable e innegable de nuestra compleja construcción nacional.

Desde los primeros años de la República hubo disputas sociales y económicas que expresaban visiones totalmente contrapuestas sobre el destino del país.

Las constantes pugnas entre hateros y el hostigamiento sufrido por los trinitarios revelan que el conflicto político ha acompañado nuestra historia desde sus orígenes.

Justamente en ese tenso contexto fue germinando un pensamiento progresista que aspiraba a una sociedad más humana y comprometida con el bienestar colectivo.

Sin embargo al recorrer el período posterior a la dictadura trujillista aparece una izquierda organizada pero marcada negativamente por el foquismo y el fuerte protagonismo individual.

Esos lamentables factores limitaron su capacidad de avance y la condujeron a cometer errores graves con irreparables pérdidas de figuras de enorme valor humano.

Lejos de corregirse por completo muchos de aquellos históricos desaciertos estratégicos se profundizaron alarmantemente con el paso inexorable del tiempo.

En la actualidad la fragmentación y la falta de articulación continúan afectando al progresismo dominicano junto a una preocupante resistencia a renovar el discurso.

El enorme temor a transformarse e incorporar nuevos rostros ha dejado a este valioso sector social atrapado en una especie de pantano político.

La izquierda nacional necesita comprender urgentemente que ya no basta con denunciar porque la crítica no sustituye una propuesta seria sobre la gestión pública.

Pensar desde el Estado y el país real exige una visión muchísimo más amplia con verdadera vocación de gobierno y sentido de responsabilidad nacional.

Mientras ese necesario debate se posterga una derecha radicalmente conservadora gana terreno aprovechando con eficacia las plataformas digitales para difundir su mensaje.

Su evidente avance resulta preocupante porque puede moldear la mirada de las nuevas generaciones y condicionar el rumbo político del presente y futuro.

Por eso la izquierda dominicana debe salir del ostracismo y levantar la bandera de esta época encontrándose con los jóvenes y los problemas contemporáneos.

Resulta perfectamente posible defender ideas progresistas sin entrar en el juego de la derecha y sin caer en una crítica desconectada de las soluciones nacionales.

El liderazgo también debe superar la absurda tentación de asumirse como depositario exclusivo de la pureza ideológica para no debilitar las posibilidades de renovación.

Una adecuada diversidad de enfoques orientada hacia objetivos comunes puede fortalecer al movimiento progresista en lugar de fracturarlo irreversiblemente.

Si la izquierda no emprende una transformación profunda en los próximos quince años podría desaparecer como fuerza política relevante en la República Dominicana.

Evitar este colapso inminente demanda una sincera autocrítica y la firme decisión de convertir los ideales históricos de justicia social en propuestas viables para gobernar.

Sobre el autor

Oriades Pérez Reyes

Abogado y político con experiencia en administración pública, maestría en derecho inmobiliario y planificación estratégica. Su trayectoria combina el ejercicio del derecho con el diseño y ejecución de políticas públicas enfocadas en la transparencia, la inclusión y el servicio a la ciudadanía.