El país que el pueblo quiere

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Con la construcción de elevados, pasos a desnivel, el metro, el túnel que une a la UASD con la Ortega y Gasset y los pasos peatonales, el presidente Fernández dice que ha logrado convertir a Santo Domingo, tal y como lo había prometido, en un “Nueva York chiquito”.

Sin embargo, construyendo esas obras ornamentales, el presidente Fernández no ha logrado resolver, en lo más mínimo, los problemas elementales que afectan a los pobladores de estas demarcaciones y menos los del país.

En vez de un “Nueva York chiquito”, el pueblo dominicano quisiera una Patria donde no se padezca hambre; no hayan niños y discapacitados pedigüeños en las calles; el desempleo sea cosa del pasado; no hayan muertes materno-infantiles; la población, en su conjunto, resida en viviendas dignas; no se permita que las transnacionales mineras destruyan el medioambiente y se roben los recursos mineros del país; la juventud tenga prioridades presupuestarias que permitan brindarle una educación de calidad; los productores nacionales, tanto industriales como agropecuarios, puedan vivir tranquilos, sin la competencia desleal de los productos norteamericanos; los campesinos no tengan necesidad de emigrar a las grandes ciudades, porque tienen garantizado un terruño, como complemento de una reforma agraria integral

Los trabajadores quieren un país donde tengan garantizada la sindicalización y sueldos acorde al costo de la canasta familiar; donde los guardias y policías devenguen salarios dignos, se sientan hermanos de los civiles y jamás apunten sus armas contra la ciudadanía indefensa; donde la soberanía territorial este asegurada, prohibiendo la compra indefinida de territorio por parte de aventureros nacionales e internacionales.

El pueblo quiere recuperar su soberanía económica, comprometida con el FMI; que se protejan nuestros ríos, la foresta y se respete la integridad de los parques nacionales, para evitar la desertificación del territorio nacional; que se priorice la producción de alimentos para garantizar la soberanía alimentaria; desarraigar para siempre la corrupción y el narcotráfico, que tanto daños espirituales y materiales ha ocasionado al pueblo dominicano; que los viajes ilegales en yola y otros medios, resultados de la situación económica desesperante, sean cosas del pasado; que haya energía eléctrica permanente y el agua potable fluya a borbotones; donde los y las ciudadanos-as puedan salir a las calles sin el temor de ser atracados.

Ese es el tipo de país que el pueblo dominicano desea; donde sus habitantes vivan con dignidad y se sientan cada vez mas orgullosos de su nacionalidad; no el altisonante “Nueva York chiquito” que pregona el Presidente Fernández, que, de acuerdo a lo expresado por uno de sus funcionarios, es una “flor ornamental; sin savia, sin clorofila y sin raíces”.

* El autor es Secretario General de la Asociación Americana de Juristas (AAJ) y miembro de la Comisión Nacional de los Derechos Humanos.

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