Miércoles, 16 de octubre, 2019 | 10:47 pm

El país existirá más allá de las elecciones



El cantautor cubano Silvio Rodríguez describe en su canción “Sueño con serpientes” la lucha permanente de la humanidad entre el bien y el mal, en una narrativa parecida al diálogo inconcluso de Platón, que tuvo como personajes centrales a Sócrates y a Eutifrón, aquel día en que coincidieron por ante el Arconte, una especie de fiscal de la Antigua Grecia.

Los personajes de la conversación no pudieron arribar a una conclusión acerca de qué era lo pío y lo impío, es decir, lo bueno y lo malo; en cambio el poeta, oriundo de San Antonio de los Baños, a pesar de la pesadilla en el sueño, mantiene el optimismo de construir una sociedad justa y bondadosa: “Esta (la serpiente) al fin me engulle, y mientras por su esófago paseo, voy pensando en qué vendrá, pero se destruye cuando llego a su estómago y planteo con un verso una verdad”.

De la misma manera, en el teatro de la política dominicana se vive una lucha descarnada por el poder, que da la sensación de que lo que cuenta es únicamente cuál colectivo controlará el Estado más allá del 16 de agosto del año 2020.

No importa nada, se abren profundas heridas, se ha perdido el respeto y los insultos forman parte de la cotidianidad.

Refleja una lucha para determinar quién va directo al infierno y quién se conducirá al paraíso, sin que medie el purgatorio de la “Divina Comedia”, de Dante.

No existe espacio para la lucha civilizada, la cordura y el bien.
Una mirada a redes sociales y a innumerables espacios en medios de comunicación electrónicos permitirá ver a personajes que exteriorizan sus sentimientos de maldad, envidia, odio, rencor y mezquindad contra cualquier persona que no coincida con sus ideas.

Se trata de individuos que no entienden la nobleza, concepto reservado para aquellas personas especiales que exhiben la virtud de procurar siempre el bienestar de sus semejantes, a través de la puesta en práctica de valores como la lealtad, la empatía, la sensibilidad, la solidaridad, la justicia y el amor.

Nicolás de Maquiavelo, una figura relevante del siglo XVI, calibró bien hasta dónde puede llegar el ser humano en sus afanes de alcanzar, mantener o evitar la pérdida del poder.

En ese contexto, el autor de la obra clásica “El Príncipe”, describió al hombre como un ser “naturalmente malo, a menos que se le precise a ser bueno”.

La debilidad de las instituciones democráticas y el predominio de diversas formas de violencia y de negocios ilícitos en la mayoría de países, son condiciones que derivan en la polarización de las sociedades y en luchas mediáticas.

En el caso dominicano, la política y los políticos tienen aun que aportar mucho a la construcción de una sociedad más democrática, en la que existen reglas claras de aceptación de todos los actores; direcciones políticas que comprendan que a los procesos electorales se acude a perder o a ganar, evitando los odios y malquerencias.

Demos valor a la existencia de un sistema multipartidista de gran incidencia en la vida democrática, pero que debe abrirse a la renovación del liderato político.

También hay que crear las condiciones para frenar las limitaciones al desarrollo de los partidos minoritarios en sus esfuerzos por alcanzar posiciones de poder a través de los procesos electorales.

Estamos a tiempo de hacer de la actividad política un goce democrático, porque más allá de las elecciones del próximo año, el país seguirá existiendo para beneficio de las futuras generaciones.

Y cuando la serpiente del odio político nos lleve a su boca, como Silvio Rodríguez, démosle a masticar una paloma de la paz y envenenémosla con el bien.

Luis Garcia

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